Experimento 3: sistema de riego “solar”. 2ª parte.

En mi entrada del 24 de abril, comentaba que estaba probando un nuevo sistema de autoriego en un pequeño huerto-patio que tengo en otra región española. Lo había venido probando allí con cultivos más exigentes en cuestión de agua y no había funcionado bien, así que este año decidí probarlo con otro tipo de cultivos menos exigentes, como la cebolla.

Así luce ahora, dos meses después de la siembra de los bulbitos de cebolla:

 

Las acelgas, de autosiembra de un par de plantas que puse hace mucho, dejé subir a flor y el viento esparció las simientes, agradecieron el aporte extra de abono y agua convirtiéndose en plantas inmensas. Las cebollas crecen a buen ritmo sin más aporte de agua que la “transpiración” de las botellas.

De momento, va muy bien. Como comenté en mi primera entrada sobre el tema, queda por ver qué pasará este mes y parte del que viene, hasta que coseche las cebollas. Son meses muy calurosos en la región, así que tengo mucha curiosidad.

¿Qué te parece? ¿Has probado este sistema con cultivos más exigentes y puedes contarme algo al respecto? Venga, cuenta, cuenta 😉 Es un tema que me interesa mucho.

 

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Experimento 3: sistema de riego “solar”.

Es primavera, el panorama empieza cubrirse de verde y yo sigo buscando fórmulas sostenibles de dar agua a mis cultivos a través de métodos que funcionen sin mi presencia.

Este sistema lo vengo probando desde hace tres años en un huerto-patio que tengo, con distintos grados de éxito y en algunos casos, también sin ninguno 😉 Las condiciones climáticas son diferentes (mucho calor, humedad alta, pero casi sin precipitaciones), y solo paso ahí parte del año, así que me interesan los métodos de riego de este tipo; económicos y auto-gestionados.

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También se lo conoce como riego por transpiración y básicamente consiste en botellas de plástico a las que se les corta previamente el fondo y se sitúan encima de  un vaso de plástico con agua, cubriéndolo completamente. Cuando entierras parcialmente el fondo de la botella en la tierra, creas un efecto invernadero, el agua se evapora lentamente y las gotas que empañan el interior de la botella aportan riego al suelo cuando se precipitan.

La vida de la planta junto a la cuál sitúas este rudimentario pero práctico sistema de riego, depende del espacio de que dispongas porque eso condicionará el número/tamaño  de botellas que puedas poner a su alrededor. Por ejemplo, en mi caso, que no puedo utilizar bidones de cinco litros (son muy anchos), tres delgadas botellas de litro y medio no fueron suficientes  para los tomates ni para los pimientos: crecían, pero no fructificaban. En cambio, una sola suministró agua suficiente para que las acelgas crecieran hermosas.

Este año, decidí probarlo con cebollas, a ver qué tal funciona. Así quedó el cantero después de enterrar los bulbos.

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Imagen tomada a finales de marzo de 2016

Y así es como estaba hace unos días:

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Imagen tomada el 17 de abril de 2016

¡Así que, de momento, funciona muy bien! ¡Crucemos los dedos! Tengo muchísima curiosidad por saber qué sucederá en pleno verano cuando los bulbos aumenten sus necesidades hídricas y en esa región no caiga una gota de agua de lluvia.

Sigue en antena, que traeré más noticias sobre el tema 😛

Experimento 1. Pulgón negro 3, Patricia 0.

Ha sido una lucha enconada en la que eché mano incluso de la artillería pesada, pero no hubo nada que hacer.

El tiempo tampoco ayudó, eso es cierto. Llevamos unos días en los que el calor alterna con el frío y la semana pasada, de hecho, diluvió hasta el extremo de que el agua llegó a algunos túneles del metro. La cuestión es que los pulgones reaparecían una y otra vez y acabaron matando a dos de las plantas. La tercera aún sigue, pero no mejora, así que la eliminaré. Esta vez, el pulgón negro se ha alzado con la victoria 😦

Así que, recapitulando…

Experimento 1: Botellas recicladas en maceta de autoriego con cultivo de cebolla a partir de bulbo.

Objetivo: 1) probar método de autoriego y 2) probar si el tamaño del contenedor soporta el cultivo de hortalizas de raíz.

Inicio: 26 abril 2015 – Fin: 16 junio 2015.

Sustrato: tierra para huerto urbano marca “Batle”.

Plantación: 3 macetas de autoriego, 1 bulbo por maceta.

Resultado del experimento:  no satisfactorio. No al objetivo 1). Sin conclusión al objetivo 2).

Observaciones:

A primeros de junio se presentó una plaga de pulgón negro que atribuí a una combinación de factores; por un lado, exceso de nitrógeno en la mezcla y por otro, sequedad (del tiempo y) de la mitad superior del sustrato en el contenedor de cultivo.

Inicié tratamiento diario con retirada manual de los pulgones, seguida de pulverizaciones de decocción de ajo. Alterné los últimos tres días con pulverizaciones de cola de caballo. La plaga regresaba y las plantas cada vez se veían más débiles. Finalmente, murieron.

Comentario sobre la mezcla: creo que para este tipo de contenedor -una botella- la tierra preparada (por más que se trataba de tierra específica para huertos urbanos) no es la adecuada. Se compacta con facilidad y hay una gran diferencia de humedad entre la parte superior (expuesta a la radiación) y la parte inferior (en contacto con el agua a través de la pequeña perforación del tapón). Habrá que probar con otro tipo de mezcla, más esponjosa, quizás añadíendo fibra de coco y perlita.

Comentario sobre el sistema de autoriego: es posible que para pequeñas plantas florales sea un método de riego alternativo eficaz, pero para hortalizas no se adapta bien. Lo he corroborado con otros cultivos que puse en este tipo de botellas de autoriego, que tampoco han prosperado. En todos he notado un exceso de humedad en la parte inferior del contenedor, el último tercio concretamente, mientras que el resto del sustrato mostraba una pérdida de humedad paulatina hasta llegar a estar totalmente seco los dos o tres centímetros próximos al borde. Es necesario hacer alguna adaptación que permita una mejor distribución de la humedad y sobre todo, evitar que la tierra del fondo se empape tanto. Probaré utilizando una mecha de algodón para transportar el agua a lo largo de toda la botella. Como ya estamos fuera de la época de plantación de bulbos de cebolla, escogeré otro cultivo para la nueva prueba.

¡Sigue en antena, que próximamente le haré  un poco de chapa y pintura a este sistema de autoriego, a ver si consigo que sea eficaz!

 

Experimento 2. Riego por capilaridad.

Con todas las cosas que hay que hacer en un huerto y todos los imprevistos que se pueden presentar, parece increíble que una cuestión tan aparentemente simple como es dar de beber a las plantitas pueda convertirse un quebradero de cabeza en períodos de ausencia del hortelano. Y, sin embargo, así es.

Te empleas a fondo desde el inicio de la primavera y consigues tener un huerto de postal. Luego, te vas de vacaciones unos días en verano y cuando vuelves, encuentras un cementerio de hortalizas. Frente a la cantidad ingente de páginas de internet y libros dedicados a jardinería y horticultura, cuando se trata del riego las respuestas son ambiguas y todo se reduce al ensayo y error.

Así pues… Ensayemos 😉

Algunas cuestiones sobre el riego.

Antes de empezar con el experimento propiamente dicho, voy a hacer una pequeña introducción acerca de qué es lo que busco conseguir y de qué manera me propongo hacerlo.

En huerto de tierra instalaría un sistema de riego por goteo conectado a un tanque recargable. No está exento de “disgustos” (cuando algún gotero o tapón de cierre se sale), pero es una forma organizada y controlable de suministrar agua a los cultivos. Tuve la suerte de vivir unos años en el campo y cultivar mi propio huerto, y aunque la instalación de este sistema fue tediosa y me dejó las manos destrozadas, cumplió su cometido con eficacia. Pero cuando se trata de un balcón o una pequeña terraza la cosa cambia. Instalar un tanque recargable reduciría el espacio disponible (y lo “afearía”) y, la verdad, no me plantearía conectar el sistema de riego por goteo  directamente a un grifo de la red porque  si hubiera cualquier avería cuando estoy de vacaciones, el problema podría ser serio.

Por otro lado, dependiendo de la cantidad y disposición dentro del balcón de las macetas de cultivo, un sistema de riego demasiado estructurado (como suele serlo el de goteo) limita la movilidad de las macetas y la improvisación, a veces inevitable cuando trabajas en un espacio reducido del que intentas sacar el máximo rendimiento.

Otra cuestión fundamental a tener en cuenta es que cultivar un huerto urbano presupone que la intervención del horticultor es imprescindible para mantener el sustento de la planta del principio al fin del cultivo; el desarrollo de las raíces está limitado a la maceta, no hay regeneración del suelo por lo que es necesario el aporte de nutrientes con regularidad, la hortaliza en cuestión es totalmente dependiente en el aporte de agua e incluso, en muchos casos, también la polinización ha de ser manual. Crece en condiciones muy especiales, y por lo tanto, sus necesidades también lo son.  Así las cosas, el sistema de riego que me  parece más eficaz es aquel que permite que sea el cultivo el que determine cuándo y cuánto “beber”.

Y en eso consiste mi…

Experimento 2:  Riego por capilaridad(1).

Objetivo: 1) Probar los conos de arcilla “Blumat”(2) para riego de hortalizas exigentes y 2) Determinar el suministro necesario para asegurar el autoriego durante un período de 15 a 20 días.

Inicio: 31/5/2015

Suministro de agua: 1 cono con adaptador universal conectado a 1 botella con 2 litros de agua.

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Plantas de calabacín. Riego con cono de cerámica. 31/5/15

Así estaban los cultivos seis días más tarde…

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Plantas de calabacín. Autoriego. 6/6/15

Resultado: con sol solo por la tarde pero condiciones ambientales calurosas, el contenido de la botella (2 lts) duró 6 días. En teoría, añadiendo otras dos botellas de 2 litros, se cubrirían las necesidades hídricas de la planta durante 15 / 18 días. Por supuesto, habrá que verlo en la práctica. Sin embargo:

  1. Dudo que pudiera colocar otras dos botellas de plástico de 2 litros en el tiesto  y  que éstas se mantuvieran enterradas cabeza abajo con seguridad (sin riesgo de que se cayeran). El cultivo de calabacín es muy frondoso.
  2. El sistema Blumat es efectivo, pero caro. Cada uno de los adaptadores de autoriego XL para botellas de gran capacidad costó € 7,45.  Es asumible si tienes un  par de tiestos, pero actualmente, mi huerto balcón se compone de 38 macetas de las cuales 26 no tienen autoriego, así que echa cuentas…
  3. Cuestiones económicas al margen, un objetivo fundamental de mi balcón comestible es la sostenibilidad (y la aplicación del principio de las 3R) en cada iniciativa.  Así que ¡hay que aguzar el ingenio!

¿Cuál es el plan, entonces? Pues… fabricar un sucedáneo que sea a) económico y b) efectivo.

Y ese será el tema de mi próxima entrada 😉

(1) La capilaridad es una propiedad física del agua por la que ella puede avanzar a través de un canal minúsculo (desde unos milímetros hasta micras de tamaño) siempre y cuando el agua se encuentre en contacto con ambas paredes de este canal y estas paredes se encuentren suficientemente juntas. Así es como la técnica del riego por capilaridad se hace posible. Todo comienza con el tubo a través del cual suministramos el riego, que puede ser de menor o mayor anchura. Y termina en los diminutos “pelos” que nacen de las raíces de las plantas, que igualmente son capaces de canalizar el agua y absorberla hacia la planta, gracias, de nuevo, al principio de la capilaridad.

(2) Conos de arcilla “Blumat”: son conos insertados en un adaptador plástico universal que entra a presión en el cuello de cualquier botella de plástico. Cuando llenas la botella de agua y entierras el cono en la tierra, cerca del tallo de la planta, ésta absorbe el agua que necesita por capilaridad.