Mi balcón comestible en febrero de 2017.

Estas cuatro últimas semanas han alternado el viento y el frío con el calor, así que las plantitas se lo están tomando con calma. En el interior, la cosa marcha y mañana comenzaré con los primeros trasplantes. Este podría ser un buen resumen para el mes.

Aunque cuatro días más tarde de lo habitual en este tipo de entradas, aquí te dejo la evolución de mi balcón comestible en Febrero de 2017.

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El perejil (al fondo, en la esquina de la pared) está fantástico y ya he tomado algunas hojitas para cocinar. Los ajos han germinado todos y crecen bien. La planta protegida por una botella es de lechuga y justo detrás, pero fuera de la cobertura, creció otra que a pesar de haber sido sembrada al mismo tiempo está mucho más pequeña: cubrir los cultivos es una forma ideal no solo de protegerlas cuando el tiempo es especialmente malo; también de empujar su crecimiento.

Las zanahorias tardaron un siglo en germinar y lo hicieron bastante caprichosamente. No tengo foto de ellas, pero las que han salido ya han sacado dos hojitas. A ver si en la próxima actualización les hago una foto y la comparto aquí.

Así estaban las cosas en mi semillero más antiguo:

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¡Trasplante al exterior en breve, sigue en antena! 🙂

 

Mi balcón comestible: sobreviviendo a la ola de calor y a las plagas.

Menudo mes de julio estamos teniendo: entre la ola de calor y las plagas, el trabajo se acumula en mi balcón comestible. Menos mal que no todas las temporadas de cultivo son así, que si no…

Está siendo una temporada de lo más rara. Es cierto que en un huerto siempre hay trabajo y si se trata de un huerto urbano diría que, comparativamente al espacio que dedicas, más, porque si tienes cinco metros cuadrados los quieres aprovechar a tope y pones cultivos hasta en las grietas de las paredes 😉 Pero no recuerdo otra temporada tan laboriosa como esta. ¡Es un no parar! Normalmente, te animas cuando llega la hora de cosechar, sin embargo, esta época me estoy animando poco: aparte de las lechugas, espinacas, acelgas y rabanitos, todo lo demás ha dado mucho trabajo y pocos frutos.

También estaba la cuestión de dejar resuelto el asunto del riego para que cuando me vaya unos días de vacaciones, los cultivos no pasen sed, así que si no estaba sustituyendo cultivos afectados por las plagas, estaba renovando el sustrato, o rociando tratamientos preventivos, o pulverizando con agua las hojas y los pies de las plantas para que aguantaran el calor tremendo que está haciendo… Cuando no hacía nada de todo esto, tocaba fabricar sistemas de riego para los tiestos faltantes. Pero bueno, a falta de un par de trasplantes que he dejado para mañana porque ya daba el sol en el balcón, mi lista de pendientes ha tocado fondo y mi balcón comestible luce así:

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Mis pimientos tomando el sol

 

Pepinos, calabacines y lechuguitas al sol.

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Mi balcón comestible: sobreviviendo a la ola de calor y a las plagas.

Ahora que  ya he descansado un rato y miro las fotos que he subido,  me hace ilusión verlo. Cuando estoy volcada en sacarlo adelante, todo es trabajo y tomar decisiones sobre la marcha… Es después, cuando vengo al blog a actualizarlo y veo con tranquilidad las fotos que he tomado, que me doy cuenta de que ¡mi balcón está precioso! A pesar de todos los pesares, incluso hasta las tomateras que ves al fondo, le siguen plantando cara a la araña roja y están fructificando. He tenido que podarlas a fondo, pero siguen allí y los tomates que ves, no están afectados. No crecerán mucho más, pero están sabrosos (¡ya he cosechado unos cuantos!).

Después de mes y medio de lucha sin cuartel y a pesar de que la ola de calor sigue aquí, asándonos un poquito más cada día, mi balcón comestible sigue en pie, y, lo más importante, produciendo.

Firmado: una hortelana feliz 😛