Balcón comestible: el abono de los cultivos en contenedor.

Cuando cultivas hortalizas en un contenedor, las necesidades nutricionales de la planta corren de tu cuenta y en aprender a cubrirlas radica la clave del éxito de tu balcón comestible. No hay fórmulas mágicas y sí mucho de ensayo y error en el aprendizaje. Aquí van algunas experiencias de otros hortelanos (¡y las mías, claro!) que pueden ayudarte a conseguir un huerto sano y productivo.

 Me encanta leer sobre horticultura ecológica y además opino que se aprende muchísimo de las experiencias que comparten otros aficionados a los calabacines y a las cebollas. Internet ha hecho posible que cada vez más hortelanos tengamos presencia online a través de blogs y foros y realmente hay tanto material interesante en el ciberespacio que ¿por qué no (re)utilizarlo, no te parece?

Mi idea es ir actualizando esta entrada con los nuevos enlaces a experiencias interesantes sobre abonado ecológico de balcones comestibles que vaya encontrando. Me gusta probar ideas nuevas, ver cómo funcionan en mis plantitas y suelo tener una colección de enlaces guardados en mi lista de lectura de Safari, así que he pensado que estaría bien indexar poco a poco las que me parezcan más útiles en una entrada, de forma que sea pública y cualquiera pueda consultarla.

Espero que te sea útl 😉

 Abonado inicial

Creo que en este tema hay un antes y un después de la fibra de coco. Por si nunca has oído hablar de ella (¡lo dudo mucho!) se trata de un tipo de sustrato obtenido como residuo de las fibras del fruto del cocotero. Es muy ligera, tiene gran capacidad de absorción y retención de agua, un ph que ronda los 5,5/6,5, es ecológica y muy barata. ¿Qué más se puede pedir? La combinación estrella para el balcón comestible parece ser una mezcla compuesta del 60% de fibra de coco y el 40% de humus de lombriz, añadiéndole un puñado de perlita para facilitar la aireación de las raíces.

Cómo preparar una mesa de cultivo con fibra de coco, humus y perlita.

ABONADOS DE APOYO

Pulverización foliar y riegos semanales con purín de ortiga.

Mi experiencia es realmente buena con este método. Lo único a tener en cuenta es que si hay riesgo de plagas por condiciones ambientales inusuales, como me ha sucedido este verano (2015), el purín las potencia. En condiciones ideales, funciona de maravilla. De otra forma, hay que aplicarlo con mucho cuidado y usar métodos alternativos para mantener los nutrientes de las plantas.

Preparación: macerar 1 kilo de planta en 10 libros de agua. Administración: 1 parte de purín por 9 partes de agua en pulverización foliar y riego, una vez por semana. Si no puedes o no deseas preparar el purín, puedes comprarlo. En la página “Recursos” de mi blog encontrarás dónde.

Preparación y uso hortelano del purín de ortiga.

Última actualización: 22 de julio de 2015.

Mi balcón comestible en julio de 2015.

Ola de calor, araña roja, mildiu… ¡Las desgracias nunca vienen solas! Pero aquí siguen mis plantitas, intentando continuar con su ciclo de crecimiento.

Si junio fue laborioso, julio ni te cuento… Cuando creía tener al mildiu y la araña roja bajo control -que no quiero decir eliminados, sino solamente controlados-, llegó la segunda quincena de junio con unas alteraciones climáticas súper inusuales y adiós control. Primero fueron unas lluvias en plan diluvio -lo digo en serio, ¡salieron en el periódico y todo!- y casi a renglón seguido, una ola de calor que todavía sigue entre nosotros. ¡Esto es un horno!

A pesar de los tratamientos, los cuidados y las podas de saneamiento, varios cultivos se quedaron por el camino y otros aceleraron su ciclo, subiendo a flor. Pero, como se suele decir, la vida sigue su curso y se abre camino y así están las cosas por mi balcón comestible hoy:

Mi balcón comestible. Julio 2015. Vista general.

Mi balcón comestible. Julio 2015. Vista general.

Mi balcón comestible. Julio 2015. Pimientos.

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Mi balcón comestible. Julio 2015. Judías, orégano, calabacín, tomateras.

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Mi balcón comestible. Julio 2015. Pepino, judías, pimiento, perejil.

La cosecha está siendo inferior a otros años por estas fechas, pero me produce una tremenda alegría ver tanto verde y tanta pujanza a pesar de “la que está cayendo” 😀

¡El mes que viene más!

 

Mi vermicompostera casera: avituallándome para septiembre.

Otra cosa que llevo años queriendo hacer y siempre dejaba para otro momento. Bueno, pues ese momento, el de fabricar mi propio humus de lombriz, esta a la vuelta del verano. ¡Nunca tan bien dicho!

Sin duda, el humus es el mejor abono orgánico para el huerto y aunque en el mercado ahora hay una gran variedad de presentaciones y marcas, siempre es mejor tenerlo de cosecha propia, así reciclo parte de mis sobras vegetales y dispongo del humus que necesito (más o menos) cuando lo necesito.

También hay varias vermicomposteras (así se llama al lugar donde pones a las lombrices y las alimentas) en el mercado, de distintos tamaños y precios, pero, en general, hablamos de alrededor de 100€ incluyendo lombrices y portes. Las hay más baratas, lógicamente más rudimentarias, pero dado que la tendré dentro de casa (en una terraza cubierta), la estética y el tamaño también cuentan.

Después de varias semanas buscando información sobre el tema, encontré este vídeo y me pareció la solución ideal: reciclo cajas de porespán (de esas que tiran en las pescaderías), elijo un tamaño adecuado al espacio donde voy a situar la vermicompostera y, encima, me cuesta 0 €.

Aquí están las elegidas para albergar a mis lombrices:

Mi vermicompostera verde y blanca.

Lo único que no me gustó fue el tufo a pescado que traían. Nada que no se arregle con un buen cepillo enjabonado y una buena manguera 😉

¡Ya te la mostraré funcionando en septiembre!

Mi balcón comestible: sobreviviendo a la ola de calor y a las plagas.

Menudo mes de julio estamos teniendo: entre la ola de calor y las plagas, el trabajo se acumula en mi balcón comestible. Menos mal que no todas las temporadas de cultivo son así, que si no…

Está siendo una temporada de lo más rara. Es cierto que en un huerto siempre hay trabajo y si se trata de un huerto urbano diría que, comparativamente al espacio que dedicas, más, porque si tienes cinco metros cuadrados los quieres aprovechar a tope y pones cultivos hasta en las grietas de las paredes 😉 Pero no recuerdo otra temporada tan laboriosa como esta. ¡Es un no parar! Normalmente, te animas cuando llega la hora de cosechar, sin embargo, esta época me estoy animando poco: aparte de las lechugas, espinacas, acelgas y rabanitos, todo lo demás ha dado mucho trabajo y pocos frutos.

También estaba la cuestión de dejar resuelto el asunto del riego para que cuando me vaya unos días de vacaciones, los cultivos no pasen sed, así que si no estaba sustituyendo cultivos afectados por las plagas, estaba renovando el sustrato, o rociando tratamientos preventivos, o pulverizando con agua las hojas y los pies de las plantas para que aguantaran el calor tremendo que está haciendo… Cuando no hacía nada de todo esto, tocaba fabricar sistemas de riego para los tiestos faltantes. Pero bueno, a falta de un par de trasplantes que he dejado para mañana porque ya daba el sol en el balcón, mi lista de pendientes ha tocado fondo y mi balcón comestible luce así:

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Mis pimientos tomando el sol

 

Pepinos, calabacines y lechuguitas al sol.

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Mi balcón comestible: sobreviviendo a la ola de calor y a las plagas.

Ahora que  ya he descansado un rato y miro las fotos que he subido,  me hace ilusión verlo. Cuando estoy volcada en sacarlo adelante, todo es trabajo y tomar decisiones sobre la marcha… Es después, cuando vengo al blog a actualizarlo y veo con tranquilidad las fotos que he tomado, que me doy cuenta de que ¡mi balcón está precioso! A pesar de todos los pesares, incluso hasta las tomateras que ves al fondo, le siguen plantando cara a la araña roja y están fructificando. He tenido que podarlas a fondo, pero siguen allí y los tomates que ves, no están afectados. No crecerán mucho más, pero están sabrosos (¡ya he cosechado unos cuantos!).

Después de mes y medio de lucha sin cuartel y a pesar de que la ola de calor sigue aquí, asándonos un poquito más cada día, mi balcón comestible sigue en pie, y, lo más importante, produciendo.

Firmado: una hortelana feliz 😛

Reflexiones sobre la salud del huerto.

Aprendiendo a interpretar las señales…

Este primer trimestre de actividad de mi balcón comestible en 2015 ha sido de altibajos y en buena parte, ha estado dedicada a controlar a los visitantes no deseados del huerto: el pulgón negro, el mildiu y la araña roja. Pero más allá del aprendizaje -cultivar en macetas no es lo mismo que cultivar a campo abierto, ni siquiera hacerlo en un pequeño patio con suelo de tierra-, más allá de los extremos climáticos que han azotado esta parte del mundo que habito durante los meses de mayo y junio…. Más allá de todo eso, son una señal de que aún no he conseguido “crear” un ecosistema saludable en mi balcón comestible. Y ese es, precisamente, el quid de la cuestión.

Revisando mis notas de otros años y analizando las que he ido tomando en esta temporada, he visto que:

  1. El riego sigue siendo una asignatura pendiente: mejora, pero aún no he conseguido dar con la medida ajustada a las necesidades de cada cultivo en cada momento. Los contenedores hacen que la humedad se evapore del sustrato muy rápidamente y que la parte superior se seque, obligándome a regar casi a diario: tanto agua lava la tierra, agravando el proceso y, además, perjudica a algunos cultivos que no les gusta “bañarse” tan a menudo. Por otro lado, las botellas/bidones de autoriego tienen sus pro y sus contra, pero dado que hay un período en el que estoy ausente y no puedo ocuparme del riego, necesito algún sistema alternativo que atienda las necesidades hídricas de los cultivos en mi ausencia. ¡Pescadilla que se muerde la cola, al cante!
  2. Recrear un ecosistema equilibrado -y por tanto, sano- pasa por dejar espacio a aromáticas y otras flores beneficiosas para el huerto, aunque con ello me vea obligada a sacrificar espacio de hortalizas. Normalmente las aromáticas ocupan entre un 20 y un 30% de mi balcón comestible. Este año no ha sido así. Tenía un exceso de hortalizas y le di preferencia a ellas, con lo cual solo dejé espacio para  un par de albahacas y un perejil. Creo que ha sido un error. Las aromáticas cumplen una función muy importante en relación con bichitos indeseados del huerto. así que en lo sucesivo -y con efecto inmediato- destinaré un 30% mínimo de mi balcón comestible a aromáticas y otras plantas beneficiosas.
  3. Los cambios extremos, propios del cambio climático, hacen necesario un tratamiento preventivo en el maceto-huerto. Cada año son más extremas y menos esporádicas. Hay que darlas por hecho y tomar medidas preventivas porque si al final no se producen, el tratamiento preventivo fortalecerá los cultivos, y si, como este año, pasamos de un diluvio a una ola de calor, el nivel de salud de la planta será lo que marque la diferencia. Dos grandes aliados preventivos en horticultura ecológica son el purín de ortiga y la decocción de cola de caballo, alternándolas en aplicaciones semanales. A partir de ahora, formarán parte del programa preventivo para mi balcón comestible.

¡Venga, Patricia, manos a la obra que hay mucho que hacer!

¿Y a ti, qué tal te está tratando tu huerto esta temporada? ¡Espero que mejor que a mí! 🙂

 

Experimento 2. Riego por capilaridad. Añadiendo botellas…

Una botella de refresco de dos litros y una tira de tela de algodón o mecha pueden ser un eficaz sistema de riego alternativo para períodos de vacaciones cuando el balcón comestible se queda sin hortelano.

Comentaba en esta entrada que los conos de arcilla/cerámica funcionan muy bien, pero resultan una opción muy cara cuando son muchos los contenedores a regar y que, por tanto, intentaría “fabricar” un sucedáneo idóneo casero.  La idea, además, era conseguir mantener las necesidades hídricas de la planta durante  15 ó 20 días.

Te presento una solución casera para unas vacaciones tranquilas sin sufrir porque tu balcón comestible pase sed 😉

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Una tira de dos centímetros de ancho y unos cuarenta o cincuenta de largo (dependiendo de la profundidad del contenedor que quieras regar) que pasa a través de un agujero efectuado en la tapa de la botella. Más fácil imposible. Genial, ¿a que sí?

A tener en cuenta:

  1. La tira debe ser de algún tejido de algodón y tiene que llegar hasta el fondo de la botella para que pueda continuar absorbiendo agua a medida que ésta se va vaciando.
  2. Practicar un agujero en la tierra, lo más cerca posible de las raíces (¡sin dañarlas!) y enterrar el otro extremo de la tira o mecha.
  3. Regar, empapando bien la tierra.

Mis observaciones:

  1. Añadiendo una botella con este sistema casero a la que ya tenía (con el cono de arcilla) -en total 4 litros de agua–  el cultivo se mantuvo regado durante quince días y todavía quedaba agua en una de las botellas para un par de días más.
  2. Es muy importante poner un buen acolchado sobre la superficie del tiesto porque para que el sistema funcione adecuadamente es necesario evitar que se seque el sustrato.
  3. Pienso que una mecha funcionaría incluso mejor que la tira de tela porque en épocas de mucho calor las partes que no están en contacto con la tierra o dentro de la botella tenderían a secarse, evaporando el agua antes de que esta llegara a la raíz. Probaré con otro tipo de “hilo conductor”, a ver qué tal.

Aquí la ves en acción: enterrada cabeza abajo está la botella con el cono de arcilla y de pie, junto al tiesto, mi sucedáneo casero de riego por capilaridad 😉

Así que, después de las semanas de guerra sin cuartel contra el pulgón negro, la araña roja y la panda de amigos que se trajeron para no sentirse solos, léase mildiu, oidio y mosaico, no sabes las ganas que tengo de escribir estas dos palabras:

¡EXPERIMENTO EXITOSO!

 

Acolchar los cultivos. Experimentando con la vermiculita.

El acolchado o mulching es una práctica muy extendida en la agricultura ecológica, especialmente en los casos en los que no se rotura el terreno. Se pueden utilizar varios materiales, pero el material por excelencia es la paja. En esta entrada te cuento por qué he decidido echar mano de la vermiculita y cuál está siendo mi experiencia.

Por si el único “acolchado” que te suena es el de las mantas, hago esta breve introducción para contarte que acolchar un cultivo consiste en cubrir el sustrato alrededor de la planta con una capa de un par de centímetros de materiales diversos (paja, piedras, hojas y tallos secos de otros cultivos, corcho, papel de periódico en trozos pequeños, etc.) con el fin principal de proteger y mejorar la calidad del sustrato y, por lo tanto, el “hábitat” de la planta. En huertos de tierra, también es una forma de mantener la vida orgánica de la capa superficial, protegiéndola cuando las condiciones ambientales son más duras (sea por calor o por frío) e impedir que el suelo se compacte, evitando así tener que labrarlo. En horticultura ecológica se prefieren siempre materiales orgánicos, que puedan descomponerse gradualmente y enriquecer el suelo, pero mientras no sea contaminante, cualquier material sirve. Uno de mis acolchados no orgánicos favoritos para tiestos son las piedras pequeñas tipo canto rodado: protegen el pie de la planta, mantienen la vida orgánica en el sustrato e impiden que se endurezca. Y además, si te gustan las manualidades, puedes pintarlas a tu gusto y embellecer de una manera sencilla y económica tu balcón comestible. Me refiero a esto:

Las piedras pueden convertirse en algo más que piedras...

Bonitas, ¿a que sí?

En mis huertos de tierra he usado principalmente la paja con buenísimos resultados. En huertos urbanos montados en terrazas o balcones sería ideal: es muy barata, es liviana -no añade peso al tiesto-, es orgánica por lo que alimenta el suelo y no tienes más que añadir paja nueva a medida que se va degradando en el suelo. Sería ideal, sí…

Si no fuera tan sucia.

Es imposible aplicarla sin “sembrar” de paja el suelo de la terraza o balcón. Tan imposible como es mantenerlo limpio durante mucho tiempo, una vez que lo has barrido. La paja es liviana, ergo siempre hay trocitos volando por ahí que afean el balcón/terraza y le dan un aspecto poco cuidado. También está la otra cuestión: se vende por balas o medias balas (¿Has visto esas parvas inmensas con las que alimentan al ganado caballar? Pues son balas).  Ahora hay algunas tiendas online que sirven cantidades menores a clientes que viven en la región, pero, en general, hablamos de comprar grandes cantidades y, de todas maneras, de la suciedad no te libras.

En mi caso, decidí que tenía que probar otra cosa y como no me gustaba la idea de acolchar con papel de periódico, eché mano de lo que tenía: vermiculita. Es muy económica, inerte, liviana y con gran capacidad aislante.

Hasta hoy, lo que había notado era que cumplía muy bien la función de mantener la humedad en la capa superior del sustrato, algo muy útil cuando cultivas en tiestos y no en tierra. A pesar de ser ligera, no se vuela como la paja, así que también cumple el principio de no ensuciar el suelo del balcón/terraza. Hoy tengo que añadir que parece acelerar la germinación de las siembras directas. ¡Y de qué manera!

Fíjate.

Este es uno de mis tiestos en el cuál sembré el 14 de junio una mezcla de rabanito rojo y zanahoria “Nantes”, ambas con aval de agricultura ecológica. Cuatro días más tarde, el 18, ya habían germinado los rabanitos y hoy, día 21, cuando he ido a mirarlos, me he encontrado con esto:

Tiesto 24. Toma 1.

Rábanos y zanahorias. Vista de arriba.

Rábanos y zanahorias. Vista de perfil.

Los rábanos son las hojitas con forma parecida a un corazón. Las zanahorias son las que tienen hojas en forma de aguja, delgadas y puntiagudas.

Está claro que cuando acolchas (con cualquier material) es como si le pusieras una mantita al suelo y es normal que estando calentitas y protegidas, las semillas aceleren su germinación. Pero es la primera vez que veo semejante reducción del tiempo habitual de germinación: el rábano ha tardado 4 días (tiempo normal de germinación: de 6 a 8 días) y la zanahoria ¡7 días! (tiempo normal de germinación de 12 a 15 días). ¡Estoy alucinada! 😮

Continuaré observando cómo evolucionan los cultivos con esta mantita tan acogedora que está resultando ser la vermiculita, pero, de momento, ¡recomendada cien por cien!

¡Sigue en antena!

Experimento 1: visitas inesperadas.

Con lo felices que estaban las cebollitas tomando el sol… 

La cosa iba bastante bien y, a pesar de que expuestas al sol es complicado que la capa superior de sustrato mantenga la humedad adecuada, las tres plantitas crecían y tenían buen aspecto… hasta que apareció el Señor Pulgón, que como suele suceder, no llegó solo sino con todo un regimiento.

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Experimento 1. 7/6/15. Plaga de pulgón negro.

Las tres plantas han sido atacadas, aunque la de la imagen es la que más pulgones tiene ahora mismo (¡porque con las otras dos ya se han dado el festín y queda poco que comer!). Así que ahora mismo mi cocina huele a decocción de ajo (más abajo indico receta) que es lo único que tenía a mano para iniciar un tratamiento.

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Experimento 1. 7/6/15. Plaga de pulgón negro.

Mis observaciones al respecto son:

  1. Causas: una combinación de dos factores, por un lado quizás el sustrato fuera demasiado rico en nitrógeno. Estaba probando la “Tierra para huerto urbano” de la marca Battle y le añadí un puñado de humus de lombriz a la mezcla. Por otro, como comentaba más arriba, es posible que haya habido días en el que el sustrato se secara en la parte superior.
  2. Sustrato seco: no son las únicas plantas que tengo en este tipo de macetas de autoriego, y si están expuestas al sol la parte superior del sustrato siempre se seca. Creo que una solución podría ser acolchar el cultivo con una capa de un par de centímetros de paja, corcho, piedra… o cualquier otro material no contaminante que proteja tanto el sustrato como la biodiversidad de la maceta, y evite los entornos secos que tanto le gustan al Señor Pulgón.
  3. Tratamiento: iniciaré hoy, al final de la tarde, pulverizando las plantas con la decocción de ajo y repetiré el tratamiento semanalmente alternando con purín de ortiga hasta la eliminación de la plaga (o de la planta, lo que suceda primero).

Decocción de ajo: 1 litro de agua y 5 dientes de ajos machacados. Dejar hervir durante media hora, colar cuando se haya enfriado y pulverizar sobre la planta.

¿Preparada para darle guerra al pulgón, Patricia? ¡Síiiiiii! ¡Marchando una decocción de ajo!

Pronto, más noticias 😉

 

Experimento 1: Botellas recicladas en macetas de autoriego y cultivo de cebolla a partir de bulbo.

Hoy día cada vez más productos de uso habitual vienen en envases de plástico, que acaban en la basura con los consecuentes perjuicios medioambientales. Ésta me pareció una forma ideal de darles una segunda vida y al mismo tiempo intentar resolver el asunto del riego cuando me voy de vacaciones. ¿Funcionará? ¡Experimento 1 en marcha!

Cuando empiezas con tu primer huerto-balcón es bastante normal que la ansiedad por verlo repleto de plantitas te lleve a sembrar o a plantar en exceso. No pasa nada por “emocionarse”, es una clase de emoción súper bonita. De todas formas, no vas a tardar en darte cuenta de que lleva tiempo atender muchos cultivos y de que aunque no se presenten enfermedades, el riego puede convertirse en un dolor de cabeza. Y menudo dolor de cabeza. Llevo varias temporadas indagando sobre el tema, hablaré de ello en próximas entradas, y a pesar de que voy resolviendo el riego en períodos de ausencia cada vez mejor, todavía no he encontrado LA solución idónea para mi balcón comestible y mi filosofía.

¿Qué significa solución idónea en este caso?  Una que cumpla las 3R (reducir, reciclar, reutilizar) y contribuya a que mi balcón comestible sea sostenible. Siempre busco acercarme lo más posible a esta definición en cada nuevo proyecto.

Ésta que, por cierto, no es de mi cosecha, me pareció súper creativa. Cumple mi filosofía y si funciona… ¡Daré saltos de alegría! 😉

Experimento 1: Botellas recicladas en maceta de autoriego con cultivo de cebolla a partir de bulbo.

Objetivo: 1) probar método de autoriego y 2) probar si el tamaño del contenedor soporta el cultivo de hortalizas de raíz.

Inicio: 26 abril 2015

Sustrato: tierra para huerto urbano marca “Batle”.

Plantación: 3 macetas de autoriego, 1 bulbo por maceta.

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Trasplante en macetas de autoriego. 26/4/15.

 Así están las cebollitas casi un mes después:

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Cebollas en maceta de autoriego. 24/5/15.

Comentarios:

  1. Hasta ahora he mantenido las tres macetas a cubierto, en una pequeña terraza acristalada muy luminosa, junto a mis aromáticas para controlarlo más de cerca. La cebolla es un cultivo que se desarrolla mejor en lugar soleado, así que ahora veremos cómo le sienta estar al aire libre, en mi balcón comestible.
  2. Mi experiencia hasta el momento es positiva, pero habrá que ver si el cultivo llega a buen puerto, que es lo importante. Durante este período he estado fuera en dos ocasiones, sin que las plantas se vieran afectadas en absoluto. Cada contenedor carga medio litro de agua (sin rebalsar), lo cual, en este caso, sostiene las necesidades de la planta alrededor de diez días, dependiendo de las condiciones ambientales. Menos, claro, si está en el exterior. De todas formas, no está nada mal para un simple botella de gaseosa cuyo destino original es acabar en la basura.
  3. Seguiré compartiendo notas sobre la evolución del experimento.
  4. Aquí te dejo el vídeo de Luz Mireya, que explica cómo adaptar la botella para convertirla en una maceta de autoriego.

¡Hasta la próxima!

Mi balcón comestible en mayo de 2015.

Hace años que pienso en darle a mi balcón comestible su propio blog, pero por una cosa u otra, el proyecto se quedaba en el tintero, pero ya estamos aquí y para empezar, he pensado que sería buena idea, mostrar un contraste; cómo estaban las cosas hace unas semanas cuando hice los primeros trasplantes, y cómo están ahora.

Ya habrá tiempo de hablar de experimentos e ideas en detalle, de ponerle ‘chicha’ a esta bitácora (administro otros blogs y se me hace rarísimo ver este sin categorías, sin más páginas que “Acerca de…”, tan ‘desértico’), ahora te dejo con dos imágenes de mi huerto balcón de Madrid.

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Marzo-Abril 2015. Vista parcial del sector A y sector B.

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Mayo 2015. Vista parcial sector A y B.

Menudo cambio, ¿a qué sí? Estoy bastante satisfecha con la evolución de los distintos cultivos, a pesar de que no todos los trasplantes han salido adelante. Tenía más plantitas que lugar donde ponerlas y la elección estaba entre ponerlas a compostar (ya había regalado todas las que había podido) o “superpoblar” algunos tiestos. Opté por lo segundo. Algunas se salvaron; la mayoría no. Cosas que pasan.

Si has llegado a este blog es porque el tema te interesa, así que ¿cuál es el mensaje de esta entrada? La horticultura de balcón (o de maceta, como también se la llama) es una de las actividades más desestresantes y gratificantes que conozco. Da igual de qué espacio dispongas o cuánto sepas del tema. Todo es cuestión de empezar.

¡Hasta la próxima!