Inaugurando la temporada 2017 en mi balcón comestible.

La lechuga “Cuatro estaciones”, la zanahoria morada (o forrajera), el perejil y el ajo son los encargados de dar el pistoletazo de salida en mi balcón comestible esta temporada.

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Normalmente, siembro lechuga de la variedad “Batavia” o también “Romana”, pero me dejaron unas semillas ecológicas de la “Cuatro estaciones” y las sembré. Nunca la he probado (creo), así que ya comentaré qué me parece.

La zanahoria no es un cultivo que tenga mucho sentido poner en un huerto balcón, lo reconozco. Pero me encanta. Probé una vez, hace años, con una variedad de raíz muy corta y la cosecha me pareció una auténtica delicia. Lamentablemente, no he vuelto a conseguir semillas de esa variedad. Sin embargo, el año pasado, revisando catálogos de distintos productores de semillas, encontré esta llamativa zanahoria morada por fuera y blanca por dentro y no me lo pensé dos veces; las compré. Y este mes las he estrenado. Como la fecha preferente de siembra se extiende hasta mayo, sembraré dos o tres tiestos más en los próximos meses.

El perejil es una plantita de cultivo ecológico que adquirí en un herbolario allá por octubre. No solo ha sobrevivido a los fríos invernales en el exterior, sino que continuó creciendo saludable. Así que después de un buen saneamiento y una renovación de sustrato, la he pasado a un contenedor más grande.

El ajo es un intento de reciclaje total 🙂 Los últimos de una bolsa con aval de agricultura ecológica que compré hace tiempo germinaron y resultaban demasiado amargos para cocinar. ¿Qué hago con ellos?, pensé. La respuesta tardó menos de un segundo en presentarse: ¡Plantarlos, claro! Y aquí están, encargados de darle vida a dos tiestos de mi balcón comestible.

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Ajos de cultivo ecológico.

Los cinco primeros contenedores ya están en marcha. ¡Qué ilusión volver a ver verde en mi huertito!

Volviendo a mi balcón comestible.

Hacía tiempo que no me pasaba por aquí y la razón es que tampoco estaba trabajando el huerto. Pero no hay problema que dure eternamente, así que ya estoy de vuelta, dispuesta a coger la pala y el rastrillo.

A partir de junio del año pasado, distintas circunstancias me han tenido ocupada y alejada del huerto por espacios de tiempo que aunque no eran largos, si eran lo bastante frecuentes como para complicar tanto el calendario de siembras como el riego y los cuidados. La conclusión fue que aparte de verduras de hoja, en abundancia eso sí, todas las demás plantitas produjeron poco y mal. Las pobres hicieron lo que pudieron así que no es una queja, ni mucho menos.

También he visto que hay algunas entradas sobre experimentos que están pendientes de actualización. Iré poniéndome al día.

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El  huerto balcón de mis sueños 🙂

(Imagen “pineada”por la empresa Habitissimo).

Esta temporada también se presenta más “ajetreada” de lo habitual, pero como me encanta cultivar el huerto y ver crecer las plantitas, he decidido que es un placer del que no voy a prescindir. Reduciré el número de contenedores y semilleros (casi a la mitad) y me limitaré a cultivos fáciles (verduras de hoja, pimientos y tomates, principalmente). No tendré un huerto como el de la imagen, pero me ensuciaré las manos de tierra porque es lo que me gusta 😉

¿Y tú, cómo se presenta tu temporada de cultivos?

Experimento 3: sistema de riego “solar”. 2ª parte.

En mi entrada del 24 de abril, comentaba que estaba probando un nuevo sistema de autoriego en un pequeño huerto-patio que tengo en otra región española. Lo había venido probando allí con cultivos más exigentes en cuestión de agua y no había funcionado bien, así que este año decidí probarlo con otro tipo de cultivos menos exigentes, como la cebolla.

Así luce ahora, dos meses después de la siembra de los bulbitos de cebolla:

 

Las acelgas, de autosiembra de un par de plantas que puse hace mucho, dejé subir a flor y el viento esparció las simientes, agradecieron el aporte extra de abono y agua convirtiéndose en plantas inmensas. Las cebollas crecen a buen ritmo sin más aporte de agua que la “transpiración” de las botellas.

De momento, va muy bien. Como comenté en mi primera entrada sobre el tema, queda por ver qué pasará este mes y parte del que viene, hasta que coseche las cebollas. Son meses muy calurosos en la región, así que tengo mucha curiosidad.

¿Qué te parece? ¿Has probado este sistema con cultivos más exigentes y puedes contarme algo al respecto? Venga, cuenta, cuenta 😉 Es un tema que me interesa mucho.

 

Mi balcón comestible en Mayo de 2016.

Mi balcón comestible empieza a parecerse a… ¡un balcón comestible!

Los trasplantes son pequeños y no son todos los que están, pero la cosa va tomando color…

Así lucía mi balcón comestible en Mayo de 2016.

 

En el alféizar tenía lechugas en distinto estadio de crecimiento y algunas plantas de perejil que necesitaban un trasplante urgente a tierras más abonadas. Ahora, hay más lechugas.

¿Qué tal por el tuyo? ¿Muchas plantitas? Cuenta, cuenta… 🙂

 

Mi balcón comestible en Abril de 2016.

¡Madre mía, he estado tan, tan, tan liada que saqué las fotos y me olvidé completamente de subirlas al blog!

Bueno, como dice el refrán, más vale tarde que nunca 😉

Este era el aspecto de mi balcón comestible en Abril:

 

También puse un poco de rúcula silvestre y algunas plantitas de perejil en el alféizar de la ventana:

 

Mañana publicaré las imágenes de mayo, que son algo más “selváticas”. De todas formas, estamos teniendo una primavera rara (más o menos como lo ha sido el invierno y antes el otoño), de modo que, por ejemplo, las judías recién empiezan a prosperar y guisantes he cosechado poquísimos ¡Con lo que me gustan! 😦

¿Y tu huerto? ¿Qué tal evolucionan las fuerzas naturales por tu balcón comestible?

 

 

Experimento 3: sistema de riego “solar”.

Es primavera, el panorama empieza cubrirse de verde y yo sigo buscando fórmulas sostenibles de dar agua a mis cultivos a través de métodos que funcionen sin mi presencia.

Este sistema lo vengo probando desde hace tres años en un huerto-patio que tengo, con distintos grados de éxito y en algunos casos, también sin ninguno 😉 Las condiciones climáticas son diferentes (mucho calor, humedad alta, pero casi sin precipitaciones), y solo paso ahí parte del año, así que me interesan los métodos de riego de este tipo; económicos y auto-gestionados.

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También se lo conoce como riego por transpiración y básicamente consiste en botellas de plástico a las que se les corta previamente el fondo y se sitúan encima de  un vaso de plástico con agua, cubriéndolo completamente. Cuando entierras parcialmente el fondo de la botella en la tierra, creas un efecto invernadero, el agua se evapora lentamente y las gotas que empañan el interior de la botella aportan riego al suelo cuando se precipitan.

La vida de la planta junto a la cuál sitúas este rudimentario pero práctico sistema de riego, depende del espacio de que dispongas porque eso condicionará el número/tamaño  de botellas que puedas poner a su alrededor. Por ejemplo, en mi caso, que no puedo utilizar bidones de cinco litros (son muy anchos), tres delgadas botellas de litro y medio no fueron suficientes  para los tomates ni para los pimientos: crecían, pero no fructificaban. En cambio, una sola suministró agua suficiente para que las acelgas crecieran hermosas.

Este año, decidí probarlo con cebollas, a ver qué tal funciona. Así quedó el cantero después de enterrar los bulbos.

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Imagen tomada a finales de marzo de 2016

Y así es como estaba hace unos días:

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Imagen tomada el 17 de abril de 2016

¡Así que, de momento, funciona muy bien! ¡Crucemos los dedos! Tengo muchísima curiosidad por saber qué sucederá en pleno verano cuando los bulbos aumenten sus necesidades hídricas y en esa región no caiga una gota de agua de lluvia.

Sigue en antena, que traeré más noticias sobre el tema 😛

Mi balcón comestible en Marzo de 2016.

¡Ya es primavera! Confieso que no pude resistirme y dos semanas antes de que comenzara oficialmente la estación de las flores en esta parte del mundo, ya estaba montando mi balcón comestible otra vez. La mayoría de los contenedores están vacíos todavía, pero me hacía ilusión verlos ocupar sus posiciones de salida 😉

Estas fotos las tomé el 13 de marzo y así lucía mi balcón entonces:

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Sector A. Balcón Comestible de Patricia.

Sector B. Balcón Comestible de Patricia.

Aún quedan el Sector C y el Sector D por montar, pero la cosa está tomando color.

En cualquier caso, ahora hay más plantitas y tengo los semilleros a rebosar, así que las imágenes del próximo mes estarán más llenas de color 🙂

¿Y por tu huerto, ¿qué tal se presenta la Primavera/Otoño?

 

Mi balcón comestible en febrero de 2016.

Y cuando queramos darnos cuenta, ¡ya será primavera otra vez!

Ha sido un invierno muy raro. Ahora mismo, hacen temperaturas invernales, pero no demasiado invernales para lo acostumbrado por aquí. Y estamos en el último día de este febrero bisiesto, lo cual quiere decir que en tres semanas cambiaremos de estación. Y vuelta a montar macetas y riegos y podas… Si te digo la verdad, me encanta la idea de volver a empezar 😉

Estos son los únicos cultivos de mi balcón comestible hoy:

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Y este es mi primer semillero de primavera. Me propongo que todas las plantitas sean de cultivo propio esta temporada y, por supuesto, procedentes de semillas biológicas.

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A medida que se acerca la primavera, cada vez estoy más ansiosa por ver mi huerto a pleno otra vez.

 

Mi balcón comestible en enero de 2016.

¡Ahora sí que mi huertito urbano tiene el aspecto que debería tener en invierno!

 

 

Recogí los últimos pimientos a mediados de mes y al fin llegó el momento de quitar plantas secas, cribar y guardar el sustrato así como los contenedores más pequeños.

Aparte de las lechugas, acelgas, rúcula y orégano que se ven en las imágenes, en otra pequeña terraza cubierta tengo un semillero y plantitas de aromáticas que estoy cultivando a partir de semillas ecológicas: perejil y albahaca, principalmente. En primavera, pasarán al balcón comestible como asociación de cultivo beneficiosa.

Y ya, casi sin darnos cuenta, entramos en febrero y hay que empezar a poner nuevos semilleros y planificar la nueva temporada si aún no lo hemos hecho.

¡Estoy ansiosa por volver a empezar, ¿y tú?

 

Mi balcón comestible en Diciembre de 2015.

¿Diciembre? ¿Seguro que no es julio? Porque estas imágenes bien podrían corresponder a pleno verano. Pero no, acabo de tomarlas: es 30 de diciembre de 2015 y son las 16.00 hora local.

Anteayer coseché un par de pimientos y como se puede apreciar, una de las plantas sigue en producción. ¡Increíble! Junto a ellas, también están cultivos/siembras propios de estas épocas -los he puesto para aprovechar, ya que no recogía el huerto-: acelgas, lechugas, zanahorias, rabanillos, rúcula… En el interior, tengo perejil, albahaca y nuevas siembras de lechuga.

¿Quién me habría dicho a mí que a estas alturas todavía tendría mi huerto-balcón repleto de plantas? Lo más normal sería que ya estuviera todo recogido, limpio y guardado para la próxima temporada.

Lamentablemente, lo que es bueno para el paladar y para la vista, no es un buen síntoma en lo que se refiere al cambio climático.

Así están las cosas por mi precioso balcón comestible en…

Diciembre 2015

 

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Pimientos, orégano y rúcula.

 

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Pimiento en producción.

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Lechugas y acelgas.

Cuando publique mi próxima entrada, ya será 2016, así que…

¡Feliz Año Nuevo!