Mi balcón comestible: sobreviviendo a la ola de calor y a las plagas.

Menudo mes de julio estamos teniendo: entre la ola de calor y las plagas, el trabajo se acumula en mi balcón comestible. Menos mal que no todas las temporadas de cultivo son así, que si no…

Está siendo una temporada de lo más rara. Es cierto que en un huerto siempre hay trabajo y si se trata de un huerto urbano diría que, comparativamente al espacio que dedicas, más, porque si tienes cinco metros cuadrados los quieres aprovechar a tope y pones cultivos hasta en las grietas de las paredes 😉 Pero no recuerdo otra temporada tan laboriosa como esta. ¡Es un no parar! Normalmente, te animas cuando llega la hora de cosechar, sin embargo, esta época me estoy animando poco: aparte de las lechugas, espinacas, acelgas y rabanitos, todo lo demás ha dado mucho trabajo y pocos frutos.

También estaba la cuestión de dejar resuelto el asunto del riego para que cuando me vaya unos días de vacaciones, los cultivos no pasen sed, así que si no estaba sustituyendo cultivos afectados por las plagas, estaba renovando el sustrato, o rociando tratamientos preventivos, o pulverizando con agua las hojas y los pies de las plantas para que aguantaran el calor tremendo que está haciendo… Cuando no hacía nada de todo esto, tocaba fabricar sistemas de riego para los tiestos faltantes. Pero bueno, a falta de un par de trasplantes que he dejado para mañana porque ya daba el sol en el balcón, mi lista de pendientes ha tocado fondo y mi balcón comestible luce así:

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Mis pimientos tomando el sol

 

Pepinos, calabacines y lechuguitas al sol.

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Mi balcón comestible: sobreviviendo a la ola de calor y a las plagas.

Ahora que  ya he descansado un rato y miro las fotos que he subido,  me hace ilusión verlo. Cuando estoy volcada en sacarlo adelante, todo es trabajo y tomar decisiones sobre la marcha… Es después, cuando vengo al blog a actualizarlo y veo con tranquilidad las fotos que he tomado, que me doy cuenta de que ¡mi balcón está precioso! A pesar de todos los pesares, incluso hasta las tomateras que ves al fondo, le siguen plantando cara a la araña roja y están fructificando. He tenido que podarlas a fondo, pero siguen allí y los tomates que ves, no están afectados. No crecerán mucho más, pero están sabrosos (¡ya he cosechado unos cuantos!).

Después de mes y medio de lucha sin cuartel y a pesar de que la ola de calor sigue aquí, asándonos un poquito más cada día, mi balcón comestible sigue en pie, y, lo más importante, produciendo.

Firmado: una hortelana feliz 😛

Reflexiones sobre la salud del huerto.

Aprendiendo a interpretar las señales…

Este primer trimestre de actividad de mi balcón comestible en 2015 ha sido de altibajos y en buena parte, ha estado dedicada a controlar a los visitantes no deseados del huerto: el pulgón negro, el mildiu y la araña roja. Pero más allá del aprendizaje -cultivar en macetas no es lo mismo que cultivar a campo abierto, ni siquiera hacerlo en un pequeño patio con suelo de tierra-, más allá de los extremos climáticos que han azotado esta parte del mundo que habito durante los meses de mayo y junio…. Más allá de todo eso, son una señal de que aún no he conseguido “crear” un ecosistema saludable en mi balcón comestible. Y ese es, precisamente, el quid de la cuestión.

Revisando mis notas de otros años y analizando las que he ido tomando en esta temporada, he visto que:

  1. El riego sigue siendo una asignatura pendiente: mejora, pero aún no he conseguido dar con la medida ajustada a las necesidades de cada cultivo en cada momento. Los contenedores hacen que la humedad se evapore del sustrato muy rápidamente y que la parte superior se seque, obligándome a regar casi a diario: tanto agua lava la tierra, agravando el proceso y, además, perjudica a algunos cultivos que no les gusta “bañarse” tan a menudo. Por otro lado, las botellas/bidones de autoriego tienen sus pro y sus contra, pero dado que hay un período en el que estoy ausente y no puedo ocuparme del riego, necesito algún sistema alternativo que atienda las necesidades hídricas de los cultivos en mi ausencia. ¡Pescadilla que se muerde la cola, al cante!
  2. Recrear un ecosistema equilibrado -y por tanto, sano- pasa por dejar espacio a aromáticas y otras flores beneficiosas para el huerto, aunque con ello me vea obligada a sacrificar espacio de hortalizas. Normalmente las aromáticas ocupan entre un 20 y un 30% de mi balcón comestible. Este año no ha sido así. Tenía un exceso de hortalizas y le di preferencia a ellas, con lo cual solo dejé espacio para  un par de albahacas y un perejil. Creo que ha sido un error. Las aromáticas cumplen una función muy importante en relación con bichitos indeseados del huerto. así que en lo sucesivo -y con efecto inmediato- destinaré un 30% mínimo de mi balcón comestible a aromáticas y otras plantas beneficiosas.
  3. Los cambios extremos, propios del cambio climático, hacen necesario un tratamiento preventivo en el maceto-huerto. Cada año son más extremas y menos esporádicas. Hay que darlas por hecho y tomar medidas preventivas porque si al final no se producen, el tratamiento preventivo fortalecerá los cultivos, y si, como este año, pasamos de un diluvio a una ola de calor, el nivel de salud de la planta será lo que marque la diferencia. Dos grandes aliados preventivos en horticultura ecológica son el purín de ortiga y la decocción de cola de caballo, alternándolas en aplicaciones semanales. A partir de ahora, formarán parte del programa preventivo para mi balcón comestible.

¡Venga, Patricia, manos a la obra que hay mucho que hacer!

¿Y a ti, qué tal te está tratando tu huerto esta temporada? ¡Espero que mejor que a mí! 🙂

 

Cucurbitáceas: Araña roja 1, Patricia 0.

Sí, con todo el dolor de mi corazón, he de admitir una nueva derrota.

En realidad, no fue solo una plaga de araña roja lo que acabó con mis calabacines y pepinos; primero fue el mildiu quien hizo estragos y cuando lo tenía más o menos bajo control, llegó “ella”.

Parece increíble que siendo tan pequeñaja pueda organizar semejante desastre cuando se extiende en un huerto, pero así es. Tratándose de un maceto-huerto o balcón comestible, se convierte en la reina en un abrir y cerrar de ojos. ¡Y menudo descalabro! Creo que las únicas plantas que no llegó a atacar eran las que ya me había comido 🙂

En los pimientos y lechugas, logré controlarla a tiempo y las plantas ahora se ven muy bien -¡toquemos madera!-. En las acelgas tuve que recurrir a una poda de emergencia -una poda, digamos, un tanto drástica- y ya veremos si los nuevos brotes salen bien. En las tomateras a base de quitar hojas/ramas afectadas y pulverizar, he conseguido que las plantas aguanten, incluso que fructifiquen, pero los pobres calabacines y pepinos

El control ecológico de esta plaga tiene sus bemoles. Algunos hortelanos informan de buenos resultados con tratamientos de azufre y también de aceite de neem cuando se dan los primeros síntomas, muchos -muchísimos- otros reconocen que lo han probado todo y nada les ha funcionado. En mi caso, siempre que se ha presentado la araña roja, lo ha hecho atacando partes nuevas de cultivos que ya habían estado expuestos a otras plagas con lo cual su crecimiento se había visto afectado. Mi balcón comestible es pequeño y la ventana anual de productividad de cada cultivo es la que es, de forma que me compensa más sustituir las plantas enfermas por otras nuevas, que dedicar tiempo, espacio y recursos a encadenar tratamientos que, en cualquier caso, solo servirán para mantener viva a la planta si hay suerte, no para que de frutos. Además, la presencia de estas plagas es un signo de que algo no hacemos bien, y me parece mucho más importante invertir tiempo y recursos en averiguar qué falla y resolverlo. Más sobre este tema en una próxima entrada.

Así las cosas, eliminé las plantas enfermas y preparé una mezcla de sustrato nueva (1). Como mis siembras de pepino y calabacín son todavía muy jóvenes, compré unas mayores(2) y esta tarde, cuando se esconda el sol, las trasplantaré.

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Macetas preparadas para recibir el trasplante.

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Plantitas preparadas para el trasplante

 

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Mi semillero. Plantas jóvenes para futuros trasplantes.

La verdad es que los diluvios y las olas de calor que hemos sufrido a lo largo de un mes -tampoco te creas que han transcurrido meses entre unos y otras-, han contribuido a complicar las cosas muchísimo en mi balcón comestible. Pero me gusta tanto cultivar mi huerto y espero estos meses con tanta ilusión que me da igual; asumo mi derrota y vuelvo a la carga. Además, ¿no dicen que “el que la sigue, la consigue”? Pues eso 😛


(1) El sustrato antiguo lo puse a compostar, después de haberlo limpiado bien.

(2) Compré cuatro plantitas en total: 2 de calabacín (un de la variedad redonda), 1 de pepino y 1 de tomate, variedad “corazón de buey” que nunca lo he cultivado. Volví a usar la empresa cocopot.es y nuevamente, he quedado súper satisfecha con el nivel de servicio. Las plantas, que vinieron directamente desde el vivero, llegaron intactas, y de la fecha de pedido a la fecha de entrega transcurrieron tan solo 72 horas. Muy, muy bien.

Experimento 1. Pulgón negro 3, Patricia 0.

Ha sido una lucha enconada en la que eché mano incluso de la artillería pesada, pero no hubo nada que hacer.

El tiempo tampoco ayudó, eso es cierto. Llevamos unos días en los que el calor alterna con el frío y la semana pasada, de hecho, diluvió hasta el extremo de que el agua llegó a algunos túneles del metro. La cuestión es que los pulgones reaparecían una y otra vez y acabaron matando a dos de las plantas. La tercera aún sigue, pero no mejora, así que la eliminaré. Esta vez, el pulgón negro se ha alzado con la victoria 😦

Así que, recapitulando…

Experimento 1: Botellas recicladas en maceta de autoriego con cultivo de cebolla a partir de bulbo.

Objetivo: 1) probar método de autoriego y 2) probar si el tamaño del contenedor soporta el cultivo de hortalizas de raíz.

Inicio: 26 abril 2015 – Fin: 16 junio 2015.

Sustrato: tierra para huerto urbano marca “Batle”.

Plantación: 3 macetas de autoriego, 1 bulbo por maceta.

Resultado del experimento:  no satisfactorio. No al objetivo 1). Sin conclusión al objetivo 2).

Observaciones:

A primeros de junio se presentó una plaga de pulgón negro que atribuí a una combinación de factores; por un lado, exceso de nitrógeno en la mezcla y por otro, sequedad (del tiempo y) de la mitad superior del sustrato en el contenedor de cultivo.

Inicié tratamiento diario con retirada manual de los pulgones, seguida de pulverizaciones de decocción de ajo. Alterné los últimos tres días con pulverizaciones de cola de caballo. La plaga regresaba y las plantas cada vez se veían más débiles. Finalmente, murieron.

Comentario sobre la mezcla: creo que para este tipo de contenedor -una botella- la tierra preparada (por más que se trataba de tierra específica para huertos urbanos) no es la adecuada. Se compacta con facilidad y hay una gran diferencia de humedad entre la parte superior (expuesta a la radiación) y la parte inferior (en contacto con el agua a través de la pequeña perforación del tapón). Habrá que probar con otro tipo de mezcla, más esponjosa, quizás añadíendo fibra de coco y perlita.

Comentario sobre el sistema de autoriego: es posible que para pequeñas plantas florales sea un método de riego alternativo eficaz, pero para hortalizas no se adapta bien. Lo he corroborado con otros cultivos que puse en este tipo de botellas de autoriego, que tampoco han prosperado. En todos he notado un exceso de humedad en la parte inferior del contenedor, el último tercio concretamente, mientras que el resto del sustrato mostraba una pérdida de humedad paulatina hasta llegar a estar totalmente seco los dos o tres centímetros próximos al borde. Es necesario hacer alguna adaptación que permita una mejor distribución de la humedad y sobre todo, evitar que la tierra del fondo se empape tanto. Probaré utilizando una mecha de algodón para transportar el agua a lo largo de toda la botella. Como ya estamos fuera de la época de plantación de bulbos de cebolla, escogeré otro cultivo para la nueva prueba.

¡Sigue en antena, que próximamente le haré  un poco de chapa y pintura a este sistema de autoriego, a ver si consigo que sea eficaz!

 

Experimento 1: visitas inesperadas.

Con lo felices que estaban las cebollitas tomando el sol… 

La cosa iba bastante bien y, a pesar de que expuestas al sol es complicado que la capa superior de sustrato mantenga la humedad adecuada, las tres plantitas crecían y tenían buen aspecto… hasta que apareció el Señor Pulgón, que como suele suceder, no llegó solo sino con todo un regimiento.

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Experimento 1. 7/6/15. Plaga de pulgón negro.

Las tres plantas han sido atacadas, aunque la de la imagen es la que más pulgones tiene ahora mismo (¡porque con las otras dos ya se han dado el festín y queda poco que comer!). Así que ahora mismo mi cocina huele a decocción de ajo (más abajo indico receta) que es lo único que tenía a mano para iniciar un tratamiento.

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Experimento 1. 7/6/15. Plaga de pulgón negro.

Mis observaciones al respecto son:

  1. Causas: una combinación de dos factores, por un lado quizás el sustrato fuera demasiado rico en nitrógeno. Estaba probando la “Tierra para huerto urbano” de la marca Battle y le añadí un puñado de humus de lombriz a la mezcla. Por otro, como comentaba más arriba, es posible que haya habido días en el que el sustrato se secara en la parte superior.
  2. Sustrato seco: no son las únicas plantas que tengo en este tipo de macetas de autoriego, y si están expuestas al sol la parte superior del sustrato siempre se seca. Creo que una solución podría ser acolchar el cultivo con una capa de un par de centímetros de paja, corcho, piedra… o cualquier otro material no contaminante que proteja tanto el sustrato como la biodiversidad de la maceta, y evite los entornos secos que tanto le gustan al Señor Pulgón.
  3. Tratamiento: iniciaré hoy, al final de la tarde, pulverizando las plantas con la decocción de ajo y repetiré el tratamiento semanalmente alternando con purín de ortiga hasta la eliminación de la plaga (o de la planta, lo que suceda primero).

Decocción de ajo: 1 litro de agua y 5 dientes de ajos machacados. Dejar hervir durante media hora, colar cuando se haya enfriado y pulverizar sobre la planta.

¿Preparada para darle guerra al pulgón, Patricia? ¡Síiiiiii! ¡Marchando una decocción de ajo!

Pronto, más noticias 😉