Mi balcón comestible en mayo de 2019

La cosa ha ido mejorando, climatológicamente hablando, durante el mes de mayo ¡y mi  balcón comestible se ha puesto hermoso! Tomates, pimientos, lechugasrabanitos, acelgas, judías, fresas y patatas  coexisten en perfecta armonía con cinco aromáticas: orégano, menta, albahacaromero y perejil. ¡Y ahora tengo muchas más plantitas en la barandilla del balcón!

Así luce mi balcón comestible a finales de Mayo de 2019:

 

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Balconcomestible.com – Mayo 2019

En la imagen superior de la izquierda se ven mis nuevas lechuguitas y lo bien que están creciendo en sus macetas geotextiles de 3,8 litros (he comprado más porque me están funcionando realmente bien). Las anteriores las he ido cosechando por hojas y salvo un par de plantas que recibieron la visita de un grupo de pulgones (¡que se trajeron a todos sus colegas!), la cosecha ha sido bastante buena.

La imagen superior de la derecha muestra tres de mis seis fresas silvestres. Son nuevas y muy jovencitas, así que veremos qué tal se dan. La inferior de la izquierda son cuatro de mis seis plantas de perejil. En realidad, era una única planta cuando la compré. La pobre estaba superdesarrollada en un tiesto pequeño y después de una buena poda, decidí probar a ver si podía dividirlas en varias plantas. La razón es que los únicos contenedores que tenía disponibles eran esas macetas pequeñas que se ven en la foto. Lo hice con mucho cuidado, las transplanté en un día “hoja” según el calendario biodinámico y mantuve las macetas a la sombra durante diez días para que las plantitas no sufrieran mientras se aclimataban a su nueva casita y allí están, creciendo sanas 😁 . La imagen inferior derecha es una de mis habituales pruebas. Esta vez le tocó a cuatro patatas que habían germinado en el cajón de las verduras y no pensaba usar. Normalmente, suelo dárselas a mis lombrices, pero hacía unas semanas, mirando vídeos de horticultores, había visto uno sobre el cultivo de la patata en un saco/bolsa de plástico y se me encendió la lamparita. Ya publicaré un post específico sobre este experimento cuando acabe, ya que estoy tomando fotos de la evolución, cada mes. Por ahora, ahí están las patatas, tirando tallos llenos de hojitas.

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Balconcomestible.com – Mayo 2019

 

Ahora tengo la barandilla del balcón más ocupada. Los soportes para jardineras que uso son muy fuertes y regulables por ambos lados (el que se ajusta al ancho de la barandilla, y el que se ajusta al ancho del contenedor), y se me ocurrió que usando listones de maderas de palé a modo de estante podía aprovechar mejor el espacio. Así que compré un cuarto soporte, me hice con unas cuantas tiras de madera y ahora ocupo casi tres metros de la barandilla con cultivos. ¡Yupiiiii!

Sigo requetecontenta con los resultados de las macetas geotextiles. Qué gran invento.

¡El mes que viene más y mejor!

 

Mi balcón comestible en abril de 2019

¡Menudo mes de abril hemos tenido en el hemisferio norte! Viento, lluvia, gota fría… Pero, por suerte, mi balcón comestible sigue viento en popa 🙂 Tomates, pimientos, lechugasrabanitos, acelgas, fresas y cuatro aromáticas: orégano, menta, albahaca y romero. ¡Y empiezan a despuntar las judías!

Así luce mi balcón comestible a finales de Abril de 2019:

 

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En la imagen superior de la izquierda se ven mis lechuguitas y lo bien que están creciendo en sus macetas geotextiles de 3,8 litros. Por supuesto, desde mediados de mes he estado cosechando hojas que, por cierto, estaban buenísimas. Les he incorporado el riego (de cara a marcharme en Semana Santa) un poco improvisado a último momento con una botella de litro y medio que tenía y sus correspondientes conos de arcilla, y tengo que decir que funcionó fenomenalmente bien. Al regresar la botella estaba casi vacía y las lechuguitas, ¡perfectas!

La imagen superior de la derecha muestra las únicas macetas de plástico que conservo (son autoregables) y como puedes apreciar los cultivos se desarrollan muy bien en ellas. La inferior de la izquierda son todas geotextiles y han convertido ese sector en un vergel. Está claro que a mis cultivos les encanta su nueva camita porque crecen bien y sanas (mucho mejor que en años anteriores en los tiestos de plástico). La imagen inferior derecha es mi tiesto de plástico más grande y por eso he querido conservarlo. En años anteriores sembraba calabacines, pero en 2019 le he sustituido el sustrato que tenía por mi mezcla habitual de fibra de coco/humus/perlita y he puesto  tomates y acelgas. Como ves, están creciendo muy bien.

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Ya está instalado el sistema de riego al completo y este año, por fin, he conseguido que funcione bien. Lo único diferente que he hecho respecto de años anteriores es que dejé los conos de arcilla en remojo tres días (¡el fabricante habla de horas!) antes de ponerlos en las macetas. El último riego intenso, como siempre, 24 o 48 horas antes de instalar el riego. ¿Será este el truco del almendro? Ya podrían ponerlo en las instrucciones, ¿no? He perdido la cuenta de los cultivos que se me estropearon en las temporadas anteriores por los benditos conos.

Sigo muy contenta con los resultados de las macetas geotextiles. De hecho, he encargado más (de tamaños intermedios). Conservan muy bien la humedad y aunque estén a pleno sol, no se calientan.

¡El mes que viene más y mejor!

 

Mi balcón comestible en marzo de 2019

¡Mi huerto sigue creciendo! Así me gusta verlo 🙂 Tomates, pimientos, lechugasrabanitos y cuatro aromáticas: orégano, menta, albahaca y romero, este último de cosecha propia.

Así luce mi balcón comestible a finales de Marzo de 2019:

 

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En la imagen superior de la izquierda se ven mis últimas incorporaciones en macetas geotextiles, en este caso son de 3,8 litros. También es nuevo el soporte para jardineras; es de doble regulación y es la razón de que a partir de este año esté utilizando  la barandilla para aprovechar el sol. Sabía que existían este tipo de soportes, pero hasta ahora no me había “topado” con ellos. El ancho de mi barandilla no es el convencional y ninguno de mis soportes para jardineras me valía; estos se regulan por el lado del enganche y por el lado del soporte, así que ¡perfecto! Los cultivos aprovechan de esta forma tres horas más de sol que el resto. Ya tengo dos y seguiré añadiendo.

La imagen superior de la derecha y la inferior de la izquierda son la prueba de que estoy sustituyendo mis antiguos tiestos de plástico por macetas geotextiles; solo conservo los cuatro que se aprecian y la razón es que el redondo es mi mayor contenedor (¡no quiero desprenderme de él!) y los tres restantes son de autoriego (¡my cómodos y prácticos!).

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Como novedad, este año no pondré calabacines ni pepinos, ni por supuesto melón o sandía ya que las horas de sol no son suficientes (y de ahí que en años anteriores los cultivos no prosperaran a pesar de todos mis esfuerzos). Así que he decidido aprovechar el espacio para poner otros cultivos como zanahorias, espinacas y patatas. Pero esto será el mes que viene.

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Lo próximo a hacer es instalar el sistema de riego. Por el momento, me he apañado con la regadera porque no ha hecho demasiado calor, pero ya es hora de despertar a los conos de cerámica, que ya han dormido una buena siesta desde noviembre de 2018 y les toca trabajar 😜

Por cierto, ¡sigo encantada con los resultados de las macetas geotextiles!

¡El mes que viene más y mejor!

 

Inaugurando la temporada 2019 en mi balcón comestible.

¡Volvemos a por otra temporada y toca pertrecharse de todo lo necesario! ¡Yupi! 😍

Los semilleros van a ralentí, no entiendo muy bien por qué ya que las semillas son relativamente nuevas y las he sembrado como siempre, pero no importa; para eso están los viveros, ¿no? ¡Para sacarnos del apuro! Así que he ido y me he traído unos cuantos plantones con los que estrenar mi huerto esta temporada y mis nuevos contenedores de los que te hablo más abajo.

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Hace unos años que le eché el ojo a un tipo de contenedor diferente a los habituales tiestos. Me refiero a las macetas geotextiles. Son reutilizables y están hechas de materiales biodegradables. En su momento, el principal obstáculo era su precio; cuando salieron eran caras y tenían todo por demostrar. En la actualidad, son mucho más asequibles y contamos con la experiencia de otros hortelanos que las han probado y están satisfechos con los resultados.

En mi caso, lo que me decidió a darles una oportunidad es: a) que se pueden mover de sitio muy fácilmente (tienen asas) y b) el ahorro en espacio (físico en el huerto, y también a la hora de guardarlas una vez acabada la temporada) y en agua de riego.

Poder trasladarlas con facilidad me ayudará a sumar horas de sol en determinados cultivos. Mi balcón no tiene suficiente exposición al sol y las tomateras, por ejemplo, producen frutos pequeños.

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En cuanto al ahorro de espacio; por su forma usan menos espacio que un tiesto y al ser flexibles dan un poco más de juego para aprovechar esos rincones que, de otra forma, no podría utilizar. Y a la hora de guardarlas… ¡las pliegas como ves en la foto y ya está! ¡Imagínate poder tener todos los contenedores del huerto balcón ordenadores en un estante del garaje o trastero! Qué maravilla 😊

El ahorro en agua de riego viene determinada por las características de estas prácticas macetas de tela que, según nos cuentan en el blog Flor Prohibida:

  • permite que las raíces respiren, evitando problemas de podredumbres y muerte radicular por asfixia,
  • genera una estructura radicular densa y bien distribuida debido al auto repicado de raíces que se produce al entrar en contacto la raíz con el aire a través del geotextil, lo que promueve la aparición de nuevas raíces laterales y evita el crecimiento en espiral de las raíces y posterior estrangulamiento, y
  • mantiene las plantas más cálidas de noche y frescas de día.

¡Estoy deseando ver qué tal funcionan en mi balcón comestible!

 

Mi balcón comestible en Abril de 2018

¡Ya hay plantitas en mi huerto! Así me gusta verlo 🙂 Tomates, pimientos, calabacines, lechugas, escarolas, fresas y, tres aromáticas: menta, albahaca y romero, este último de cosecha propia.

Así luce mi balcón comestible en Abril de 2018:

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El Sector A (ubicado en una nueva localización) tiene pimientos, lechugas, escarolas, fresasjudías y tomates. Los tiestos pequeños son menta, albahaca, perejil y 2 plantas de romero de unos esquejes que tomé de un arbusto el pasado otoño y cuando habían desarrollado raíces, trasplanté a tiestos.

El sistema de riego está totalmente instalado y, por primera vez, todos los conos funcionan de maravilla 🎉

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Como novedad, estoy probando un acolchado diferente -¡nuevo!- que no sale en las fotos y a los que pronto dedicaré un post independiente.

¡El mes que viene más y mejor!

Mi balcón comestible en Octubre, Noviembre y Diciembre de 2017

El verano no fue demasiado bien debido principalmente a viajes y a exceso de trabajo, pero en otoño me sucedió lo que nunca: ¡el balcón comestible a pleno rendimiento!

Normalmente, mi temporada de huerto-balcón suele acabar a finales de septiembre u octubre, como muy tarde. Razones varias: primero, el clima en mi balcón no suele ser propicio para cultivar cuando se acerca el invierno. Si las horas de sol son limitadas incluso en pleno verano, a medida que avanza el otoño la cosa empeora. Segundo, por cuestiones de tiempo; son épocas fuertes de trabajo para mí y toca administrarlo bien. El verano de 2017 a pesar de que dejé de actualizar el blog en mayo, continué con mis cultivos hasta finales de julio. Luego, tuve que interrumpir las nuevas siembras, que retomé en septiembre más por “gusanillo horticultor ” que otra cosa. Pero el tiempo se puso de mi parte y continuó así prácticamente todo el invierno. ¡Increíble!

Estaba tan animada que volví a sembrar zanahorias (un cultivo que en mi actual balcón comestible siempre se me daba fatal en maceta) y esta vez, fue de maravilla. 🎉

Y por eso de que más vale tarde que nunca, así lució mi balcón comestible en los meses de Octubre a Diciembre de 2017:

He vuelto a “re-localizar” los sectores en busca de aprovechar mejor las horas de sol y usé plástico para protegerlos por las noches. Lechuga “Cuatro Estaciones”, espinaca “Matador”, rúcula silvestre, acelgas de penca blanca y zanahoria “Nantesa” fueron los cultivos encargados de ponerle color a mi huertito urbano durante el invierno.

 

 

¡Y ahora que ha vuelto la primavera comienza lo mejor mejor! 😜

 

Mi balcón comestible en Mayo de 2017

¡Esto es una jungla! Así me gusta verlo 🙂 Tomates, pimientos, calabacines, calabazas, pepinos, lechugas, rabanitos, fresas y, por primera vez en mis dominios, aromáticas de cultivo ecológico y producción propia.

Así luce mi balcón comestible en Mayo de 2017:

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El Sector A tiene pepinos, lechugas, guisantes y pimientos. Los tiestos pequeños son trasplantes recientes de lechuga (a la izquierda) y una siembra directa de rabanitos, también reciente.

Las hojas del pepino muestran carencias así que ayer añadí un puñado de humus a ver si consigo rectificar el asunto. Aunque, la verdad sea dicha, me temo que el verdadero problema es que donde está no recibe suficiente sol y eso no va a tener arreglo ya que no dispongo de otro lugar donde ubicarlo.

El Sector B está hermoso 🙂 Las tomateras reinan a placer, pero también hay dos calabacines, una calabaza, un pimiento y varias aromáticas. Todas las tomateras tienen frutos pequeñitos, o sea, futuros tomates para mi ensalada 🎉

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El Sector C es nuevecito, lo inauguré este mes porque ya tenía los otros dos demasiado “selváticos”. El tiesto más grande tiene una tomatera, dos trasplantes recientes de lechuga Cuatro Estaciones y, en su propio tiesto pequeñito, una albahaca. En el tiesto de la derecha hay un pimiento y dos trasplantes recientes de lechuga, y en el de la izquierda… tachan, tachan… ¡una camomila! Mi primera manzanilla de cosecha propia 🎉

 

Como novedad novedosa, este año estoy cultivando mis primeras plantas aromáticas a partir de semilla: perejil, albahaca, orégano, tomillo y camomila, que en realidad no es una aromática, pero es muy beneficiosa para el huerto además de para los humanos 😊 En todos los casos son de procedencia ecológica. He tenido algún que otro problema con la germinación que fue bastante caprichosa e incluso me obligó a re-sembrar. Pero siempre hace tanta ilusión verlas brotar y crecer que si no fuera por mis notas no recordaría el trabajo que me dieron al principio. De hecho, en semillero todavía espero pacientemente a que germinen y/o crezcan la menta y la melisa.

¡El mes que viene más y mejor!

 

Mi balcón comestible en Abril de 2017.

Ya hay que pisar con cuidado en mi balcón comestible porque los contenedores empiezan a adueñarse del lugar. ¡Me encanta esta época del año! El sector A todavía tiene plantitas bajo cobertera y el sector B se ve pujante de vida.

Así lucía mi balcón comestible en Abril de 2017:

 

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Los ajos de uno de los contenedores tienen las hojas secas. En tierra, sería una señal de que empieza a engordar el bulbo; en este caso solo significa que… ¡se ha secado! He estado “espiando” sin remover mucho la tierra y me parece que los bulbos serán minúsculos. Pero en medio de tanta hoja seca, ¡ha germinado una semilla de tomate y crece lozana! Lo cual no es de extrañar porque el ajo es una asociación favorable para el tomate. Ah, aquí están las zanahorias (a la izquierda de la botella, junto a la pared). La germinación ha sido de lo más caprichosa, veremos qué tal se desarrollan las raíces que, en este caso, es lo que importa.

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El perejil finalizó su ciclo y ha subido a flor. Pero no pasa nada, porque esos tiestos pequeños que se ven junto a la botella de agua son plantitas nuevas de perejil. La lechuga Cuatro Estaciones (en realidad son dos las que hay en ese tiesto) está hermosa y sabrosa. Pero prefiero el sabor de la variedad “Trocadero”. Ya he retirado la cubierta a las judías (detrás de la lechuga) y los tomates me salen por las orejas; como siembro solo una semilla por vasito, suelo hacer siembras “de repuesto” por si alguna falla. ¡Este año no falló ninguna! 😛

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Lo que aparece cubierto por una botella… ¡es otra planta de tomate!

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Rabanitos en la mitad de cada contenedor. La otra mitad espera un transplante de calabacín y calabaza respectivamente que todavía están en el semillero.

¡El mes que viene más fotitos de cómo evoluciona mi balcón comestible!

 

Mi balcón comestible en Marzo de 2017.

¡Esto empieza a parecerse a un huerto! ¡Qué bien! Mientras el sector A comienza a lucir “verde que te quiero verde”, el sector B  espera pacientemente a que las siembras del semillero  tengan el tamaño adecuado para trasplantarlas.

Así lucía mi balcón comestible en Marzo de 2017:

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Sector A, funcionando.

Los ajos siguen viento en popa. Lo que ves protegido por botellas son guisantes (en los dos contenedores de la izquierda) y judías (en el contenedor azul de la derecha). En teoría, tanto guisantes como judías es mejor sembrarlos de asiento (directamente) ya que toleran mal el trasplante. Es lo que haría si tuviera una buena parcela de tierra. Pero cuando cultivas en un espacio tan reducido el tiempo es oro, así que me arriesgo. Hago siembras de más en semillero por si los trasplantes iniciales fallan y listo.

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En el semillero, más.

En el semillero he sembrado albahaca y pimiento (las cuatro plantitas que ves, dos de cada), lechugas, tomates, calabaza y calabacín. En los dos contenedores redondos (son la base de botellas de refresco) hay manzanilla y orégano.

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Sector B, en espera.

Estos son los contenedores del sector B, preparados con su mezcla de fibra de coco, humus y perlita, esperando que les llegue el turno de producir 😉

¡La cosa marcha!

 

Mi balcón comestible en febrero de 2017.

Estas cuatro últimas semanas han alternado el viento y el frío con el calor, así que las plantitas se lo están tomando con calma. En el interior, la cosa marcha y mañana comenzaré con los primeros trasplantes. Este podría ser un buen resumen para el mes.

Aunque cuatro días más tarde de lo habitual en este tipo de entradas, aquí te dejo la evolución de mi balcón comestible en Febrero de 2017.

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El perejil (al fondo, en la esquina de la pared) está fantástico y ya he tomado algunas hojitas para cocinar. Los ajos han germinado todos y crecen bien. La planta protegida por una botella es de lechuga y justo detrás, pero fuera de la cobertura, creció otra que a pesar de haber sido sembrada al mismo tiempo está mucho más pequeña: cubrir los cultivos es una forma ideal no solo de protegerlas cuando el tiempo es especialmente malo; también de empujar su crecimiento.

Las zanahorias tardaron un siglo en germinar y lo hicieron bastante caprichosamente. No tengo foto de ellas, pero las que han salido ya han sacado dos hojitas. A ver si en la próxima actualización les hago una foto y la comparto aquí.

Así estaban las cosas en mi semillero más antiguo:

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¡Trasplante al exterior en breve, sigue en antena! 🙂