Experimento 3: sistema de riego “solar”. 2ª parte.

En mi entrada del 24 de abril, comentaba que estaba probando un nuevo sistema de autoriego en un pequeño huerto-patio que tengo en otra región española. Lo había venido probando allí con cultivos más exigentes en cuestión de agua y no había funcionado bien, así que este año decidí probarlo con otro tipo de cultivos menos exigentes, como la cebolla.

Así luce ahora, dos meses después de la siembra de los bulbitos de cebolla:

 

Las acelgas, de autosiembra de un par de plantas que puse hace mucho, dejé subir a flor y el viento esparció las simientes, agradecieron el aporte extra de abono y agua convirtiéndose en plantas inmensas. Las cebollas crecen a buen ritmo sin más aporte de agua que la “transpiración” de las botellas.

De momento, va muy bien. Como comenté en mi primera entrada sobre el tema, queda por ver qué pasará este mes y parte del que viene, hasta que coseche las cebollas. Son meses muy calurosos en la región, así que tengo mucha curiosidad.

¿Qué te parece? ¿Has probado este sistema con cultivos más exigentes y puedes contarme algo al respecto? Venga, cuenta, cuenta 😉 Es un tema que me interesa mucho.

 

Experimento 3: sistema de riego “solar”.

Es primavera, el panorama empieza cubrirse de verde y yo sigo buscando fórmulas sostenibles de dar agua a mis cultivos a través de métodos que funcionen sin mi presencia.

Este sistema lo vengo probando desde hace tres años en un huerto-patio que tengo, con distintos grados de éxito y en algunos casos, también sin ninguno 😉 Las condiciones climáticas son diferentes (mucho calor, humedad alta, pero casi sin precipitaciones), y solo paso ahí parte del año, así que me interesan los métodos de riego de este tipo; económicos y auto-gestionados.

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También se lo conoce como riego por transpiración y básicamente consiste en botellas de plástico a las que se les corta previamente el fondo y se sitúan encima de  un vaso de plástico con agua, cubriéndolo completamente. Cuando entierras parcialmente el fondo de la botella en la tierra, creas un efecto invernadero, el agua se evapora lentamente y las gotas que empañan el interior de la botella aportan riego al suelo cuando se precipitan.

La vida de la planta junto a la cuál sitúas este rudimentario pero práctico sistema de riego, depende del espacio de que dispongas porque eso condicionará el número/tamaño  de botellas que puedas poner a su alrededor. Por ejemplo, en mi caso, que no puedo utilizar bidones de cinco litros (son muy anchos), tres delgadas botellas de litro y medio no fueron suficientes  para los tomates ni para los pimientos: crecían, pero no fructificaban. En cambio, una sola suministró agua suficiente para que las acelgas crecieran hermosas.

Este año, decidí probarlo con cebollas, a ver qué tal funciona. Así quedó el cantero después de enterrar los bulbos.

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Imagen tomada a finales de marzo de 2016

Y así es como estaba hace unos días:

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Imagen tomada el 17 de abril de 2016

¡Así que, de momento, funciona muy bien! ¡Crucemos los dedos! Tengo muchísima curiosidad por saber qué sucederá en pleno verano cuando los bulbos aumenten sus necesidades hídricas y en esa región no caiga una gota de agua de lluvia.

Sigue en antena, que traeré más noticias sobre el tema 😛

Semilleros en pastillas de turba prensada.

Cuando el huerto lo tienes en el balcón de casa, el espacio es un tema muy importante no solo en lo que atañe a los cultivos, también a las herramientas y productos necesarios que acumulas, casi sin darte cuenta. Por esa razón, siempre estoy probando fórmulas que permitan hacer el mayor ahorro de espacio tanto dentro de casa como en mi balcón comestible. Y esta vez le tocó a los semilleros.

Preparar la mezcla adecuada para las siembras requieren que disponga de al menos cuatro productos diferentes: turba, tierra compostada (o humus), fibra de coco y vermiculita. O en su defecto, un quinto; sustrato para semilleros ya preparado. Así que ahora que salen cosas nuevas con tanta frecuencia, pensé que quizás encontraría alguna alternativa más eficaz.

Buscando, encontré unos packs de pastillas de turba prensada, ya preparada para siembras. Los packs son muy económicos, no ocupan prácticamente lugar y vienen en presentaciones de 16, 20, 32 o 50 pastillas de turba.  El uso es súper fácil: las hidratas, esperas a que se hinchen, escurres el exceso de agua y siembras. Cuando ves que empiezan a aparecer las primeras raíces, trasplantas a un tiesto. Me gustó también el hecho de que puedo ahorrar semilla (uso semillas de cultivo biológico que vienen en menor cantidad y son más caras), sembrando una única simiente por pastilla.

 

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Jiffy Pack. Pastillas de turba prensada.

Me estrené con este tipo de semilleros, sembrando albahaca y perejil, y este es el resultado:

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Plantitas, ya trasplantadas.

Germinaron muy rápido, crecieron sin problemas y cuando aparecieron las primeras raicillas, las trasplanté a unos tiestos un poquito más grandes llenos de tierra de buena calidad. En un mes o así, ya los pasaré a sus tiestos definitivos.

Me parece una forma muy práctica y cómoda que aplicaré cuando llegue la primavera y toque hacer muchas siembras en semillero.

 

Mi vermicompostera casera: las lombrices han llegado.

¡Sí, las señoras lombrices han llegado! En realidad, llegaron hace más de un mes, pero pensé que ya había publicado la entrada y acabo de darme cuenta ahora de que no es así.

Me tomó algún tiempo más del previsto encargarlas porque la tienda donde suelo comprar habitualmente se había quedado “sin stock” y como tardaban en reponerlo, al fin, tuve que ponerme a buscar otros productores.

Finalmente, mi medio pie de cría (aproximadamente 500 lombrices) estuvieron en mi poder el 20 de octubre y aquí están las fotos del lecho que preparé siguiendo indicaciones del productor:

Lecho de lombrices.

Lombrices durmiendo 😉

Tres días después de ponerlas en la vermicompostera, cuando ya se habían “ambientado”, añadí su primera ración de comida: restos vegetales (crudos) variados (lechuga, cáscara de patata, restos de pimiento, puerro, zanahoria, etc.). Tal como había leído que sucedería, empezaron a reproducirse al tiempo que los restos empezaban a desaparecer. Hoy he vuelto a añadir un poco más de restos: hojas de zanahoria, peladura de patata, yerba usada y cáscara de huevo machacada. Y así se ve mi vermicompostera hoy:

Vermicompostera y lombrices. 22/11/2015

 

Vermicompostera y lombrices. 22/11/2015

Una forma ideal de reciclar residuos orgánicos y conseguir buena tierra para la próxima temporada de cultivos. ¡Te la recomiendo!

 

Botellas recicladas en maceta de autoriego – II

La idea original no se adaptó a cultivos hortícolas, pero tras incorporarle un par de mejoras… ¡funciona!

Comenté aquí que intentaría hacerle un poco de “chapa y pintura” a la idea original porque, realmente, me gustaba y creía que podía funcionar.  Y así es; lo he probado en dos tipos de contenedores diferentes y en ambos funciona. Te lo cuento a continuación 😉

Las modificaciones que le he hecho al sistema original son las siguientes:

  1. Pasar una tira de tela de algodón por el agujero de la tapa. El trozo que sobresale fuera de la tapa debe ser lo bastante largo como para tocar el fondo del contenedor con agua sobre el que se apoya.
  2. El trozo que queda dentro del tiesto debe ser lo bastante ancho para poder dividirlo a la mitad y que cada una mida unos dos centímetros de ancho.
  3. Asimismo (cada mitad) debe ser lo bastante larga como para que recorra la pared interior del tiesto y sobresalga un poco del borde del mismo.
  4. Llenar el pico de la botella con vermiculita, asegurándose que cada una de las tiras quede apoyada contra un lateral del tiesto.
  5. Rellenar con sustrato hasta tres centímetros del borde del tiesto.
  6. Sembrar o trasplantar, según corresponda.
  7. Cubrir la superficie del sustrato con dos centímetros de vermiculita o cualquier otro material para mulching.
  8. Regar, empapando bien todo el sustrato y dejar que drene.
  9. Vaciar el líquido que haya drenado a la cubeta de autoriego (guardarla para regar otros cultivos) y rellenar al máximo con agua clara.

Sistema aplicado a un bidón de 5 litros.

Pimiento en autoriego casero.

Pimiento en autoriego casero. Cubierta de vermiculita

En este caso, en vez de utilizar una tira de tela de algodón y luego dividirla en dos mitades, he utilizado dos tiras.

Sistema aplicado a una botella de refresco de 2 litros.

Botellas listas para sembrar/plantar

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Pico de la botella relleno con vermiculita.

Lógicamente, la autonomía de riego no es grande: hasta ahora he ido rellenando el contenedor con agua cada 5 ó 6 días, pero siempre se puede añadir una botella adicional con riego por capilaridad, tal como explico aquí.

En el caso de las botellas transparentes, es mejor pintarlas para que las raíces no estén expuestas a la luz directa del sol. Cualquier pintura para exteriores sirve, aunque en mi caso, estoy probando papel plastificado para forrar libros que tenía en casa.

No está nada mal para tratarse de botellas que normalmente acabarían en la basura, ¿no te parece?

¡Hasta la próxima!

Experimento 2. Riego por capilaridad. Añadiendo botellas…

Una botella de refresco de dos litros y una tira de tela de algodón o mecha pueden ser un eficaz sistema de riego alternativo para períodos de vacaciones cuando el balcón comestible se queda sin hortelano.

Comentaba en esta entrada que los conos de arcilla/cerámica funcionan muy bien, pero resultan una opción muy cara cuando son muchos los contenedores a regar y que, por tanto, intentaría “fabricar” un sucedáneo idóneo casero.  La idea, además, era conseguir mantener las necesidades hídricas de la planta durante  15 ó 20 días.

Te presento una solución casera para unas vacaciones tranquilas sin sufrir porque tu balcón comestible pase sed 😉

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Una tira de dos centímetros de ancho y unos cuarenta o cincuenta de largo (dependiendo de la profundidad del contenedor que quieras regar) que pasa a través de un agujero efectuado en la tapa de la botella. Más fácil imposible. Genial, ¿a que sí?

A tener en cuenta:

  1. La tira debe ser de algún tejido de algodón y tiene que llegar hasta el fondo de la botella para que pueda continuar absorbiendo agua a medida que ésta se va vaciando.
  2. Practicar un agujero en la tierra, lo más cerca posible de las raíces (¡sin dañarlas!) y enterrar el otro extremo de la tira o mecha.
  3. Regar, empapando bien la tierra.

Mis observaciones:

  1. Añadiendo una botella con este sistema casero a la que ya tenía (con el cono de arcilla) -en total 4 litros de agua–  el cultivo se mantuvo regado durante quince días y todavía quedaba agua en una de las botellas para un par de días más.
  2. Es muy importante poner un buen acolchado sobre la superficie del tiesto porque para que el sistema funcione adecuadamente es necesario evitar que se seque el sustrato.
  3. Pienso que una mecha funcionaría incluso mejor que la tira de tela porque en épocas de mucho calor las partes que no están en contacto con la tierra o dentro de la botella tenderían a secarse, evaporando el agua antes de que esta llegara a la raíz. Probaré con otro tipo de “hilo conductor”, a ver qué tal.

Aquí la ves en acción: enterrada cabeza abajo está la botella con el cono de arcilla y de pie, junto al tiesto, mi sucedáneo casero de riego por capilaridad 😉

Así que, después de las semanas de guerra sin cuartel contra el pulgón negro, la araña roja y la panda de amigos que se trajeron para no sentirse solos, léase mildiu, oidio y mosaico, no sabes las ganas que tengo de escribir estas dos palabras:

¡EXPERIMENTO EXITOSO!

 

Experimento 1. Pulgón negro 3, Patricia 0.

Ha sido una lucha enconada en la que eché mano incluso de la artillería pesada, pero no hubo nada que hacer.

El tiempo tampoco ayudó, eso es cierto. Llevamos unos días en los que el calor alterna con el frío y la semana pasada, de hecho, diluvió hasta el extremo de que el agua llegó a algunos túneles del metro. La cuestión es que los pulgones reaparecían una y otra vez y acabaron matando a dos de las plantas. La tercera aún sigue, pero no mejora, así que la eliminaré. Esta vez, el pulgón negro se ha alzado con la victoria 😦

Así que, recapitulando…

Experimento 1: Botellas recicladas en maceta de autoriego con cultivo de cebolla a partir de bulbo.

Objetivo: 1) probar método de autoriego y 2) probar si el tamaño del contenedor soporta el cultivo de hortalizas de raíz.

Inicio: 26 abril 2015 – Fin: 16 junio 2015.

Sustrato: tierra para huerto urbano marca “Batle”.

Plantación: 3 macetas de autoriego, 1 bulbo por maceta.

Resultado del experimento:  no satisfactorio. No al objetivo 1). Sin conclusión al objetivo 2).

Observaciones:

A primeros de junio se presentó una plaga de pulgón negro que atribuí a una combinación de factores; por un lado, exceso de nitrógeno en la mezcla y por otro, sequedad (del tiempo y) de la mitad superior del sustrato en el contenedor de cultivo.

Inicié tratamiento diario con retirada manual de los pulgones, seguida de pulverizaciones de decocción de ajo. Alterné los últimos tres días con pulverizaciones de cola de caballo. La plaga regresaba y las plantas cada vez se veían más débiles. Finalmente, murieron.

Comentario sobre la mezcla: creo que para este tipo de contenedor -una botella- la tierra preparada (por más que se trataba de tierra específica para huertos urbanos) no es la adecuada. Se compacta con facilidad y hay una gran diferencia de humedad entre la parte superior (expuesta a la radiación) y la parte inferior (en contacto con el agua a través de la pequeña perforación del tapón). Habrá que probar con otro tipo de mezcla, más esponjosa, quizás añadíendo fibra de coco y perlita.

Comentario sobre el sistema de autoriego: es posible que para pequeñas plantas florales sea un método de riego alternativo eficaz, pero para hortalizas no se adapta bien. Lo he corroborado con otros cultivos que puse en este tipo de botellas de autoriego, que tampoco han prosperado. En todos he notado un exceso de humedad en la parte inferior del contenedor, el último tercio concretamente, mientras que el resto del sustrato mostraba una pérdida de humedad paulatina hasta llegar a estar totalmente seco los dos o tres centímetros próximos al borde. Es necesario hacer alguna adaptación que permita una mejor distribución de la humedad y sobre todo, evitar que la tierra del fondo se empape tanto. Probaré utilizando una mecha de algodón para transportar el agua a lo largo de toda la botella. Como ya estamos fuera de la época de plantación de bulbos de cebolla, escogeré otro cultivo para la nueva prueba.

¡Sigue en antena, que próximamente le haré  un poco de chapa y pintura a este sistema de autoriego, a ver si consigo que sea eficaz!

 

Experimento 2. Riego por capilaridad.

Con todas las cosas que hay que hacer en un huerto y todos los imprevistos que se pueden presentar, parece increíble que una cuestión tan aparentemente simple como es dar de beber a las plantitas pueda convertirse un quebradero de cabeza en períodos de ausencia del hortelano. Y, sin embargo, así es.

Te empleas a fondo desde el inicio de la primavera y consigues tener un huerto de postal. Luego, te vas de vacaciones unos días en verano y cuando vuelves, encuentras un cementerio de hortalizas. Frente a la cantidad ingente de páginas de internet y libros dedicados a jardinería y horticultura, cuando se trata del riego las respuestas son ambiguas y todo se reduce al ensayo y error.

Así pues… Ensayemos 😉

Algunas cuestiones sobre el riego.

Antes de empezar con el experimento propiamente dicho, voy a hacer una pequeña introducción acerca de qué es lo que busco conseguir y de qué manera me propongo hacerlo.

En huerto de tierra instalaría un sistema de riego por goteo conectado a un tanque recargable. No está exento de “disgustos” (cuando algún gotero o tapón de cierre se sale), pero es una forma organizada y controlable de suministrar agua a los cultivos. Tuve la suerte de vivir unos años en el campo y cultivar mi propio huerto, y aunque la instalación de este sistema fue tediosa y me dejó las manos destrozadas, cumplió su cometido con eficacia. Pero cuando se trata de un balcón o una pequeña terraza la cosa cambia. Instalar un tanque recargable reduciría el espacio disponible (y lo “afearía”) y, la verdad, no me plantearía conectar el sistema de riego por goteo  directamente a un grifo de la red porque  si hubiera cualquier avería cuando estoy de vacaciones, el problema podría ser serio.

Por otro lado, dependiendo de la cantidad y disposición dentro del balcón de las macetas de cultivo, un sistema de riego demasiado estructurado (como suele serlo el de goteo) limita la movilidad de las macetas y la improvisación, a veces inevitable cuando trabajas en un espacio reducido del que intentas sacar el máximo rendimiento.

Otra cuestión fundamental a tener en cuenta es que cultivar un huerto urbano presupone que la intervención del horticultor es imprescindible para mantener el sustento de la planta del principio al fin del cultivo; el desarrollo de las raíces está limitado a la maceta, no hay regeneración del suelo por lo que es necesario el aporte de nutrientes con regularidad, la hortaliza en cuestión es totalmente dependiente en el aporte de agua e incluso, en muchos casos, también la polinización ha de ser manual. Crece en condiciones muy especiales, y por lo tanto, sus necesidades también lo son.  Así las cosas, el sistema de riego que me  parece más eficaz es aquel que permite que sea el cultivo el que determine cuándo y cuánto “beber”.

Y en eso consiste mi…

Experimento 2:  Riego por capilaridad(1).

Objetivo: 1) Probar los conos de arcilla “Blumat”(2) para riego de hortalizas exigentes y 2) Determinar el suministro necesario para asegurar el autoriego durante un período de 15 a 20 días.

Inicio: 31/5/2015

Suministro de agua: 1 cono con adaptador universal conectado a 1 botella con 2 litros de agua.

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Plantas de calabacín. Riego con cono de cerámica. 31/5/15

Así estaban los cultivos seis días más tarde…

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Plantas de calabacín. Autoriego. 6/6/15

Resultado: con sol solo por la tarde pero condiciones ambientales calurosas, el contenido de la botella (2 lts) duró 6 días. En teoría, añadiendo otras dos botellas de 2 litros, se cubrirían las necesidades hídricas de la planta durante 15 / 18 días. Por supuesto, habrá que verlo en la práctica. Sin embargo:

  1. Dudo que pudiera colocar otras dos botellas de plástico de 2 litros en el tiesto  y  que éstas se mantuvieran enterradas cabeza abajo con seguridad (sin riesgo de que se cayeran). El cultivo de calabacín es muy frondoso.
  2. El sistema Blumat es efectivo, pero caro. Cada uno de los adaptadores de autoriego XL para botellas de gran capacidad costó € 7,45.  Es asumible si tienes un  par de tiestos, pero actualmente, mi huerto balcón se compone de 38 macetas de las cuales 26 no tienen autoriego, así que echa cuentas…
  3. Cuestiones económicas al margen, un objetivo fundamental de mi balcón comestible es la sostenibilidad (y la aplicación del principio de las 3R) en cada iniciativa.  Así que ¡hay que aguzar el ingenio!

¿Cuál es el plan, entonces? Pues… fabricar un sucedáneo que sea a) económico y b) efectivo.

Y ese será el tema de mi próxima entrada 😉

(1) La capilaridad es una propiedad física del agua por la que ella puede avanzar a través de un canal minúsculo (desde unos milímetros hasta micras de tamaño) siempre y cuando el agua se encuentre en contacto con ambas paredes de este canal y estas paredes se encuentren suficientemente juntas. Así es como la técnica del riego por capilaridad se hace posible. Todo comienza con el tubo a través del cual suministramos el riego, que puede ser de menor o mayor anchura. Y termina en los diminutos “pelos” que nacen de las raíces de las plantas, que igualmente son capaces de canalizar el agua y absorberla hacia la planta, gracias, de nuevo, al principio de la capilaridad.

(2) Conos de arcilla “Blumat”: son conos insertados en un adaptador plástico universal que entra a presión en el cuello de cualquier botella de plástico. Cuando llenas la botella de agua y entierras el cono en la tierra, cerca del tallo de la planta, ésta absorbe el agua que necesita por capilaridad.

Experimento 1: visitas inesperadas.

Con lo felices que estaban las cebollitas tomando el sol… 

La cosa iba bastante bien y, a pesar de que expuestas al sol es complicado que la capa superior de sustrato mantenga la humedad adecuada, las tres plantitas crecían y tenían buen aspecto… hasta que apareció el Señor Pulgón, que como suele suceder, no llegó solo sino con todo un regimiento.

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Experimento 1. 7/6/15. Plaga de pulgón negro.

Las tres plantas han sido atacadas, aunque la de la imagen es la que más pulgones tiene ahora mismo (¡porque con las otras dos ya se han dado el festín y queda poco que comer!). Así que ahora mismo mi cocina huele a decocción de ajo (más abajo indico receta) que es lo único que tenía a mano para iniciar un tratamiento.

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Experimento 1. 7/6/15. Plaga de pulgón negro.

Mis observaciones al respecto son:

  1. Causas: una combinación de dos factores, por un lado quizás el sustrato fuera demasiado rico en nitrógeno. Estaba probando la “Tierra para huerto urbano” de la marca Battle y le añadí un puñado de humus de lombriz a la mezcla. Por otro, como comentaba más arriba, es posible que haya habido días en el que el sustrato se secara en la parte superior.
  2. Sustrato seco: no son las únicas plantas que tengo en este tipo de macetas de autoriego, y si están expuestas al sol la parte superior del sustrato siempre se seca. Creo que una solución podría ser acolchar el cultivo con una capa de un par de centímetros de paja, corcho, piedra… o cualquier otro material no contaminante que proteja tanto el sustrato como la biodiversidad de la maceta, y evite los entornos secos que tanto le gustan al Señor Pulgón.
  3. Tratamiento: iniciaré hoy, al final de la tarde, pulverizando las plantas con la decocción de ajo y repetiré el tratamiento semanalmente alternando con purín de ortiga hasta la eliminación de la plaga (o de la planta, lo que suceda primero).

Decocción de ajo: 1 litro de agua y 5 dientes de ajos machacados. Dejar hervir durante media hora, colar cuando se haya enfriado y pulverizar sobre la planta.

¿Preparada para darle guerra al pulgón, Patricia? ¡Síiiiiii! ¡Marchando una decocción de ajo!

Pronto, más noticias 😉

 

Experimento 1: Botellas recicladas en macetas de autoriego y cultivo de cebolla a partir de bulbo.

Hoy día cada vez más productos de uso habitual vienen en envases de plástico, que acaban en la basura con los consecuentes perjuicios medioambientales. Ésta me pareció una forma ideal de darles una segunda vida y al mismo tiempo intentar resolver el asunto del riego cuando me voy de vacaciones. ¿Funcionará? ¡Experimento 1 en marcha!

Cuando empiezas con tu primer huerto-balcón es bastante normal que la ansiedad por verlo repleto de plantitas te lleve a sembrar o a plantar en exceso. No pasa nada por “emocionarse”, es una clase de emoción súper bonita. De todas formas, no vas a tardar en darte cuenta de que lleva tiempo atender muchos cultivos y de que aunque no se presenten enfermedades, el riego puede convertirse en un dolor de cabeza. Y menudo dolor de cabeza. Llevo varias temporadas indagando sobre el tema, hablaré de ello en próximas entradas, y a pesar de que voy resolviendo el riego en períodos de ausencia cada vez mejor, todavía no he encontrado LA solución idónea para mi balcón comestible y mi filosofía.

¿Qué significa solución idónea en este caso?  Una que cumpla las 3R (reducir, reciclar, reutilizar) y contribuya a que mi balcón comestible sea sostenible. Siempre busco acercarme lo más posible a esta definición en cada nuevo proyecto.

Ésta que, por cierto, no es de mi cosecha, me pareció súper creativa. Cumple mi filosofía y si funciona… ¡Daré saltos de alegría! 😉

Experimento 1: Botellas recicladas en maceta de autoriego con cultivo de cebolla a partir de bulbo.

Objetivo: 1) probar método de autoriego y 2) probar si el tamaño del contenedor soporta el cultivo de hortalizas de raíz.

Inicio: 26 abril 2015

Sustrato: tierra para huerto urbano marca “Batle”.

Plantación: 3 macetas de autoriego, 1 bulbo por maceta.

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Trasplante en macetas de autoriego. 26/4/15.

 Así están las cebollitas casi un mes después:

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Cebollas en maceta de autoriego. 24/5/15.

Comentarios:

  1. Hasta ahora he mantenido las tres macetas a cubierto, en una pequeña terraza acristalada muy luminosa, junto a mis aromáticas para controlarlo más de cerca. La cebolla es un cultivo que se desarrolla mejor en lugar soleado, así que ahora veremos cómo le sienta estar al aire libre, en mi balcón comestible.
  2. Mi experiencia hasta el momento es positiva, pero habrá que ver si el cultivo llega a buen puerto, que es lo importante. Durante este período he estado fuera en dos ocasiones, sin que las plantas se vieran afectadas en absoluto. Cada contenedor carga medio litro de agua (sin rebalsar), lo cual, en este caso, sostiene las necesidades de la planta alrededor de diez días, dependiendo de las condiciones ambientales. Menos, claro, si está en el exterior. De todas formas, no está nada mal para un simple botella de gaseosa cuyo destino original es acabar en la basura.
  3. Seguiré compartiendo notas sobre la evolución del experimento.
  4. Aquí te dejo el vídeo de Luz Mireya, que explica cómo adaptar la botella para convertirla en una maceta de autoriego.

¡Hasta la próxima!