Cultivando fresas a partir de semillas – 1.

Hace un tiempo, una amiga que dice no tener buena mano para las plantas, me dejó unas semillas de fresa azul. Dado que nunca había cosechado fresas a partir de semilla, sino a partir de plantones,  me pareció buena idea probar y así, aparte de aprender, le devolvía a ella unas cuantas plantas para su jardín cuando fueran adultas.

Me puse a indagar y hete aquí que, al parecer, se trata de una variedad creada en laboratorio con el objetivo de conseguir fresas que soportaran temperaturas muy bajas sin congelarse para lo cual han utilizado genes de un tipo de pez que habita en el Ártico. Así que se trata, en principio, de una semilla transgénica(1), no de un híbrido (que era lo que yo creía), y no son azules, sino rojas como todas las fresas. La cosa promete, ¿a que sí? 😉

Otra cosa que averigüé es que tardan más tiempo en germinar que las fresas convencionales. Bastante más: entre tres y seis semanas. ¡Habrá que tomárselo con calma!

Este es el proceso que estoy siguiendo:

  1. Las semillas estuvieron una semana en la nevera. Esto se hace para que la memoria genética de la semilla al sacarla del frío lo asocie con el fin del invierno y se prepare para germinar.
  2. Puse la mezcla de turba, humus y un poco de perlita en un contenedor que llené hasta un centímetro del borde, y regué a fondo.
  3. Suponiendo que las semillas serían diminutas  (no abrí el paquete pequeño que venía dentro del sobre hasta el momento de sembrar) extendí un trozo de papel higiénico sobre la superficie del contenedor para poder trabajar más cómoda.
  4. Una vez depositadas las semillas sobre el papel de la forma deseada, cubrí con una capa fina de turba y volví a regar.
  5. Por último situé el contenedor en un mini invernadero casero.

Aquí ves las imágenes correspondientes a los pasos 3, 4 y 5:

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Y ahora, a esperar a ver qué sale 🙂

 

(1) Cultivo un balcón comestible totalmente ecológico -incluso las semillas tienen aval de garantía de cultivo ecológico- y al igual que todos los que practicamos esta forma de agricultura -más bien estilo de vida, diría yo-, no estoy a favor de los transgénicos ni recomiendo el consumo de alimentos que procedan de (o contengan) material modificado genéticamente. Más información sobre el tema aquí y aquí.

Inaugurando la temporada 2017 en mi balcón comestible.

La lechuga “Cuatro estaciones”, la zanahoria morada (o forrajera), el perejil y el ajo son los encargados de dar el pistoletazo de salida en mi balcón comestible esta temporada.

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Normalmente, siembro lechuga de la variedad “Batavia” o también “Romana”, pero me dejaron unas semillas ecológicas de la “Cuatro estaciones” y las sembré. Nunca la he probado (creo), así que ya comentaré qué me parece.

La zanahoria no es un cultivo que tenga mucho sentido poner en un huerto balcón, lo reconozco. Pero me encanta. Probé una vez, hace años, con una variedad de raíz muy corta y la cosecha me pareció una auténtica delicia. Lamentablemente, no he vuelto a conseguir semillas de esa variedad. Sin embargo, el año pasado, revisando catálogos de distintos productores de semillas, encontré esta llamativa zanahoria morada por fuera y blanca por dentro y no me lo pensé dos veces; las compré. Y este mes las he estrenado. Como la fecha preferente de siembra se extiende hasta mayo, sembraré dos o tres tiestos más en los próximos meses.

El perejil es una plantita de cultivo ecológico que adquirí en un herbolario allá por octubre. No solo ha sobrevivido a los fríos invernales en el exterior, sino que continuó creciendo saludable. Así que después de un buen saneamiento y una renovación de sustrato, la he pasado a un contenedor más grande.

El ajo es un intento de reciclaje total 🙂 Los últimos de una bolsa con aval de agricultura ecológica que compré hace tiempo germinaron y resultaban demasiado amargos para cocinar. ¿Qué hago con ellos?, pensé. La respuesta tardó menos de un segundo en presentarse: ¡Plantarlos, claro! Y aquí están, encargados de darle vida a dos tiestos de mi balcón comestible.

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Ajos de cultivo ecológico.

Los cinco primeros contenedores ya están en marcha. ¡Qué ilusión volver a ver verde en mi huertito!

Mi balcón comestible en noviembre de 2015.

Y los pimientos siguen produciendo. Conviven con los nuevos cultivos de lechuga, acelga, rabanillos, zanahoria morada y rúcula como si estuviéramos en septiembre. ¡Viva el veroño!

La temporada de este año está resultando rara, rara, rara. Hace cerca de un mes, me levanté un domingo dispuesta a retirar las plantas que quedaban y guardar tierra y tiestos, y resultó que era un día primaveral. Me dio pena y pensé en dejarlos unos días más. Desde entonces y hasta hace un par de días, la primavera pareció haber regresado a estas latitudes. Y claro, mis pimientos siguieron produciendo a tope. Hemisferio norte. Pleno noviembre, ¿vale? Increíble.

Este es el estado de mi huerto hoy:

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Cultivos nuevos: lechugas y acelgas.

 

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Pimientos entre los cultivos nuevos. Rúcula, guisantes al fondo y rabanitos.

 

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Acelgas, pimientos y cultivos nuevos.

 

Y esta es la planta de pimientos que estuvo más enferma toda el verano: no para de producir.

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Una plantita valiente.

Encantada no, lo siguiente 😛

 

Tiempo de pimientos.

Casi ni yo puedo creerlo, pero aquí está la prueba: ¡las plantitas en flor y algunos pimientos ya despuntando!

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Pimientos en flor.

 

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Pimientos despuntando.

 

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Pimientos despuntando.

Hay siete plantas en floración, así que todo hace suponer que cosecharé pimientos. ¡Cruzo los dedos! Con todas las aventuras por las que han pasado esta temporada son unas auténticas supervivientes 😀