Mi balcón comestible en Mayo de 2017

¡Esto es una jungla! Así me gusta verlo 🙂 Tomates, pimientos, calabacines, calabazas, pepinos, lechugas, rabanitos, fresas y, por primera vez en mis dominios, aromáticas de cultivo ecológico y producción propia.

Así luce mi balcón comestible en Mayo de 2017:

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El Sector A tiene pepinos, lechugas, guisantes y pimientos. Los tiestos pequeños son trasplantes recientes de lechuga (a la izquierda) y una siembra directa de rabanitos, también reciente.

Las hojas del pepino muestran carencias así que ayer añadí un puñado de humus a ver si consigo rectificar el asunto. Aunque, la verdad sea dicha, me temo que el verdadero problema es que donde está no recibe suficiente sol y eso no va a tener arreglo ya que no dispongo de otro lugar donde ubicarlo.

El Sector B está hermoso 🙂 Las tomateras reinan a placer, pero también hay dos calabacines, una calabaza, un pimiento y varias aromáticas. Todas las tomateras tienen frutos pequeñitos, o sea, futuros tomates para mi ensalada 🎉

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El Sector C es nuevecito, lo inauguré este mes porque ya tenía los otros dos demasiado “selváticos”. El tiesto más grande tiene una tomatera, dos trasplantes recientes de lechuga Cuatro Estaciones y, en su propio tiesto pequeñito, una albahaca. En el tiesto de la derecha hay un pimiento y dos trasplantes recientes de lechuga, y en el de la izquierda… tachan, tachan… ¡una camomila! Mi primera manzanilla de cosecha propia 🎉

 

Como novedad novedosa, este año estoy cultivando mis primeras plantas aromáticas a partir de semilla: perejil, albahaca, orégano, tomillo y camomila, que en realidad no es una aromática, pero es muy beneficiosa para el huerto además de para los humanos 😊 En todos los casos son de procedencia ecológica. He tenido algún que otro problema con la germinación que fue bastante caprichosa e incluso me obligó a re-sembrar. Pero siempre hace tanta ilusión verlas brotar y crecer que si no fuera por mis notas no recordaría el trabajo que me dieron al principio. De hecho, en semillero todavía espero pacientemente a que germinen y/o crezcan la menta y la melisa.

¡El mes que viene más y mejor!

 

Mi balcón comestible en Abril de 2017.

Ya hay que pisar con cuidado en mi balcón comestible porque los contenedores empiezan a adueñarse del lugar. ¡Me encanta esta época del año! El sector A todavía tiene plantitas bajo cobertera y el sector B se ve pujante de vida.

Así lucía mi balcón comestible en Abril de 2017:

 

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Los ajos de uno de los contenedores tienen las hojas secas. En tierra, sería una señal de que empieza a engordar el bulbo; en este caso solo significa que… ¡se ha secado! He estado “espiando” sin remover mucho la tierra y me parece que los bulbos serán minúsculos. Pero en medio de tanta hoja seca, ¡ha germinado una semilla de tomate y crece lozana! Lo cual no es de extrañar porque el ajo es una asociación favorable para el tomate. Ah, aquí están las zanahorias (a la izquierda de la botella, junto a la pared). La germinación ha sido de lo más caprichosa, veremos qué tal se desarrollan las raíces que, en este caso, es lo que importa.

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El perejil finalizó su ciclo y ha subido a flor. Pero no pasa nada, porque esos tiestos pequeños que se ven junto a la botella de agua son plantitas nuevas de perejil. La lechuga Cuatro Estaciones (en realidad son dos las que hay en ese tiesto) está hermosa y sabrosa. Pero prefiero el sabor de la variedad “Trocadero”. Ya he retirado la cubierta a las judías (detrás de la lechuga) y los tomates me salen por las orejas; como siembro solo una semilla por vasito, suelo hacer siembras “de repuesto” por si alguna falla. ¡Este año no falló ninguna! 😛

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Lo que aparece cubierto por una botella… ¡es otra planta de tomate!

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Rabanitos en la mitad de cada contenedor. La otra mitad espera un transplante de calabacín y calabaza respectivamente que todavía están en el semillero.

¡El mes que viene más fotitos de cómo evoluciona mi balcón comestible!

 

Mi balcón comestible en Marzo de 2017.

¡Esto empieza a parecerse a un huerto! ¡Qué bien! Mientras el sector A comienza a lucir “verde que te quiero verde”, el sector B  espera pacientemente a que las siembras del semillero  tengan el tamaño adecuado para trasplantarlas.

Así lucía mi balcón comestible en Marzo de 2017:

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Sector A, funcionando.

Los ajos siguen viento en popa. Lo que ves protegido por botellas son guisantes (en los dos contenedores de la izquierda) y judías (en el contenedor azul de la derecha). En teoría, tanto guisantes como judías es mejor sembrarlos de asiento (directamente) ya que toleran mal el trasplante. Es lo que haría si tuviera una buena parcela de tierra. Pero cuando cultivas en un espacio tan reducido el tiempo es oro, así que me arriesgo. Hago siembras de más en semillero por si los trasplantes iniciales fallan y listo.

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En el semillero, más.

En el semillero he sembrado albahaca y pimiento (las cuatro plantitas que ves, dos de cada), lechugas, tomates, calabaza y calabacín. En los dos contenedores redondos (son la base de botellas de refresco) hay manzanilla y orégano.

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Sector B, en espera.

Estos son los contenedores del sector B, preparados con su mezcla de fibra de coco, humus y perlita, esperando que les llegue el turno de producir 😉

¡La cosa marcha!

 

Cultivando fresas a partir de semillas – 1.

Hace un tiempo, una amiga que dice no tener buena mano para las plantas, me dejó unas semillas de fresa azul. Dado que nunca había cosechado fresas a partir de semilla, sino a partir de plantones,  me pareció buena idea probar y así, aparte de aprender, le devolvía a ella unas cuantas plantas para su jardín cuando fueran adultas.

Me puse a indagar y hete aquí que, al parecer, se trata de una variedad creada en laboratorio con el objetivo de conseguir fresas que soportaran temperaturas muy bajas sin congelarse para lo cual han utilizado genes de un tipo de pez que habita en el Ártico. Así que se trata, en principio, de una semilla transgénica(1), no de un híbrido (que era lo que yo creía), y no son azules, sino rojas como todas las fresas. La cosa promete, ¿a que sí? 😉

Otra cosa que averigüé es que tardan más tiempo en germinar que las fresas convencionales. Bastante más: entre tres y seis semanas. ¡Habrá que tomárselo con calma!

Este es el proceso que estoy siguiendo:

  1. Las semillas estuvieron una semana en la nevera. Esto se hace para que la memoria genética de la semilla al sacarla del frío lo asocie con el fin del invierno y se prepare para germinar.
  2. Puse la mezcla de turba, humus y un poco de perlita en un contenedor que llené hasta un centímetro del borde, y regué a fondo.
  3. Suponiendo que las semillas serían diminutas  (no abrí el paquete pequeño que venía dentro del sobre hasta el momento de sembrar) extendí un trozo de papel higiénico sobre la superficie del contenedor para poder trabajar más cómoda.
  4. Una vez depositadas las semillas sobre el papel de la forma deseada, cubrí con una capa fina de turba y volví a regar.
  5. Por último situé el contenedor en un mini invernadero casero.

Aquí ves las imágenes correspondientes a los pasos 3, 4 y 5:

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Y ahora, a esperar a ver qué sale 🙂

 

(1) Cultivo un balcón comestible totalmente ecológico -incluso las semillas tienen aval de garantía de cultivo ecológico- y al igual que todos los que practicamos esta forma de agricultura -más bien estilo de vida, diría yo-, no estoy a favor de los transgénicos ni recomiendo el consumo de alimentos que procedan de (o contengan) material modificado genéticamente. Más información sobre el tema aquí y aquí.

Mi balcón comestible en febrero de 2017.

Estas cuatro últimas semanas han alternado el viento y el frío con el calor, así que las plantitas se lo están tomando con calma. En el interior, la cosa marcha y mañana comenzaré con los primeros trasplantes. Este podría ser un buen resumen para el mes.

Aunque cuatro días más tarde de lo habitual en este tipo de entradas, aquí te dejo la evolución de mi balcón comestible en Febrero de 2017.

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El perejil (al fondo, en la esquina de la pared) está fantástico y ya he tomado algunas hojitas para cocinar. Los ajos han germinado todos y crecen bien. La planta protegida por una botella es de lechuga y justo detrás, pero fuera de la cobertura, creció otra que a pesar de haber sido sembrada al mismo tiempo está mucho más pequeña: cubrir los cultivos es una forma ideal no solo de protegerlas cuando el tiempo es especialmente malo; también de empujar su crecimiento.

Las zanahorias tardaron un siglo en germinar y lo hicieron bastante caprichosamente. No tengo foto de ellas, pero las que han salido ya han sacado dos hojitas. A ver si en la próxima actualización les hago una foto y la comparto aquí.

Así estaban las cosas en mi semillero más antiguo:

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¡Trasplante al exterior en breve, sigue en antena! 🙂

 

Inaugurando la temporada 2017 en mi balcón comestible.

La lechuga “Cuatro estaciones”, la zanahoria morada (o forrajera), el perejil y el ajo son los encargados de dar el pistoletazo de salida en mi balcón comestible esta temporada.

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Normalmente, siembro lechuga de la variedad “Batavia” o también “Romana”, pero me dejaron unas semillas ecológicas de la “Cuatro estaciones” y las sembré. Nunca la he probado (creo), así que ya comentaré qué me parece.

La zanahoria no es un cultivo que tenga mucho sentido poner en un huerto balcón, lo reconozco. Pero me encanta. Probé una vez, hace años, con una variedad de raíz muy corta y la cosecha me pareció una auténtica delicia. Lamentablemente, no he vuelto a conseguir semillas de esa variedad. Sin embargo, el año pasado, revisando catálogos de distintos productores de semillas, encontré esta llamativa zanahoria morada por fuera y blanca por dentro y no me lo pensé dos veces; las compré. Y este mes las he estrenado. Como la fecha preferente de siembra se extiende hasta mayo, sembraré dos o tres tiestos más en los próximos meses.

El perejil es una plantita de cultivo ecológico que adquirí en un herbolario allá por octubre. No solo ha sobrevivido a los fríos invernales en el exterior, sino que continuó creciendo saludable. Así que después de un buen saneamiento y una renovación de sustrato, la he pasado a un contenedor más grande.

El ajo es un intento de reciclaje total 🙂 Los últimos de una bolsa con aval de agricultura ecológica que compré hace tiempo germinaron y resultaban demasiado amargos para cocinar. ¿Qué hago con ellos?, pensé. La respuesta tardó menos de un segundo en presentarse: ¡Plantarlos, claro! Y aquí están, encargados de darle vida a dos tiestos de mi balcón comestible.

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Ajos de cultivo ecológico.

Los cinco primeros contenedores ya están en marcha. ¡Qué ilusión volver a ver verde en mi huertito!

Volviendo a mi balcón comestible.

Hacía tiempo que no me pasaba por aquí y la razón es que tampoco estaba trabajando el huerto. Pero no hay problema que dure eternamente, así que ya estoy de vuelta, dispuesta a coger la pala y el rastrillo.

A partir de junio del año pasado, distintas circunstancias me han tenido ocupada y alejada del huerto por espacios de tiempo que aunque no eran largos, si eran lo bastante frecuentes como para complicar tanto el calendario de siembras como el riego y los cuidados. La conclusión fue que aparte de verduras de hoja, en abundancia eso sí, todas las demás plantitas produjeron poco y mal. Las pobres hicieron lo que pudieron así que no es una queja, ni mucho menos.

También he visto que hay algunas entradas sobre experimentos que están pendientes de actualización. Iré poniéndome al día.

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El  huerto balcón de mis sueños 🙂

(Imagen “pineada”por la empresa Habitissimo).

Esta temporada también se presenta más “ajetreada” de lo habitual, pero como me encanta cultivar el huerto y ver crecer las plantitas, he decidido que es un placer del que no voy a prescindir. Reduciré el número de contenedores y semilleros (casi a la mitad) y me limitaré a cultivos fáciles (verduras de hoja, pimientos y tomates, principalmente). No tendré un huerto como el de la imagen, pero me ensuciaré las manos de tierra porque es lo que me gusta 😉

¿Y tú, cómo se presenta tu temporada de cultivos?

Experimento 3: sistema de riego “solar”. 2ª parte.

En mi entrada del 24 de abril, comentaba que estaba probando un nuevo sistema de autoriego en un pequeño huerto-patio que tengo en otra región española. Lo había venido probando allí con cultivos más exigentes en cuestión de agua y no había funcionado bien, así que este año decidí probarlo con otro tipo de cultivos menos exigentes, como la cebolla.

Así luce ahora, dos meses después de la siembra de los bulbitos de cebolla:

 

Las acelgas, de autosiembra de un par de plantas que puse hace mucho, dejé subir a flor y el viento esparció las simientes, agradecieron el aporte extra de abono y agua convirtiéndose en plantas inmensas. Las cebollas crecen a buen ritmo sin más aporte de agua que la “transpiración” de las botellas.

De momento, va muy bien. Como comenté en mi primera entrada sobre el tema, queda por ver qué pasará este mes y parte del que viene, hasta que coseche las cebollas. Son meses muy calurosos en la región, así que tengo mucha curiosidad.

¿Qué te parece? ¿Has probado este sistema con cultivos más exigentes y puedes contarme algo al respecto? Venga, cuenta, cuenta 😉 Es un tema que me interesa mucho.

 

Mi balcón comestible en Mayo de 2016.

Mi balcón comestible empieza a parecerse a… ¡un balcón comestible!

Los trasplantes son pequeños y no son todos los que están, pero la cosa va tomando color…

Así lucía mi balcón comestible en Mayo de 2016.

 

En el alféizar tenía lechugas en distinto estadio de crecimiento y algunas plantas de perejil que necesitaban un trasplante urgente a tierras más abonadas. Ahora, hay más lechugas.

¿Qué tal por el tuyo? ¿Muchas plantitas? Cuenta, cuenta… 🙂

 

Mi balcón comestible en Abril de 2016.

¡Madre mía, he estado tan, tan, tan liada que saqué las fotos y me olvidé completamente de subirlas al blog!

Bueno, como dice el refrán, más vale tarde que nunca 😉

Este era el aspecto de mi balcón comestible en Abril:

 

También puse un poco de rúcula silvestre y algunas plantitas de perejil en el alféizar de la ventana:

 

Mañana publicaré las imágenes de mayo, que son algo más “selváticas”. De todas formas, estamos teniendo una primavera rara (más o menos como lo ha sido el invierno y antes el otoño), de modo que, por ejemplo, las judías recién empiezan a prosperar y guisantes he cosechado poquísimos ¡Con lo que me gustan! 😦

¿Y tu huerto? ¿Qué tal evolucionan las fuerzas naturales por tu balcón comestible?